Bonita (y cara) metáfora

El pasado 4 de octubre conocimos la noticia de que el Tribunal Supremo ha dado la razón a Greenpeace en su pleito sobre El Algarrobico contra la Junta de Andalucía. Es conocida la historia del hotel en medio de un espacio protegido, al borde de una playa que fue virgen hasta que empezaron las obras.

La historia tiene mucho calado, porque el hotel se construyó al amparo de un plan urbanístico local anterior al Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) que prohibía las construcciones en la zona. Las reclamaciones de los promotores consiguieron una modificación que les permitía una legalización de facto. Esa vía es la que ha bloqueado el Tribunal Supremo.

El resultado es catastrófico: un promotor sin escrúpulos construye, en situación legal al menos dudosa (ahora ya ilegal, claro), un espanto de cemento en un paraje natural para seguir explotando el turismo de sol y playa. Todo hubiera ido según lo previsible (triste es reconocer que lo previsible es que se obvie cualquier norma de ordenación territorial) si no fuera porque la oposición local dio la batalla. Ahora es un monstruoso cadáver varado en la playa, metáfora de nuestro modelo económico derrochador y depredador, y nos deja una herencia indeseable, pues habrá que demoler el edificio y recuperar el espacio ¿Cuánto de todo este dispendio va a pagar el promotor? ¿Cuando veremos ese espacio restaurado? ¿Qué responsabilidad tendrán las autoridades municipales y regionales que permitieron en su día la construcción? Ante las previsibles respuestas, solo cabe decir eso, que es una bonita metáfora. Y cara.

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