Día mundial de la estadística
Hoy, 20 de Octubre, es el día mundial de la estadística. Coincide este año la celebración, por vez primera, con los trabajos del Instituto Nacional de Estadística para la confección del Censo de 2011, lo que sin duda es un acontecimiento.
El Censo, que se hace decenalmente, es el compendio absoluto del estado de la población española. En él se miden todas las variables demográficas, y es por tanto la referencia básica para cualquier cosa que implique parámetros sociales. Permitirá estimar las necesidades sanitarias o educativas, saber de nuestra estructura económica y social en todas las escalas territoriales, etc. Si este fuera un país con políticos sensatos, de él dependerían las decisiones sobre infraestructuras, por ejemplo.
Este año, sin embargo, la celebración se empaña porque el Censo no va a hacer honor a su nombre. Censar es interrogar a toda la población, y desde este año no va a ser así. El INE ha optado por una combinación de actualizaciones de bases de datos con una encuesta con muestra amplia. Según el Instituto, los resultados tienen la misma calidad y el coste es sensiblemente menor.
Obviamente, es discutible que la calidad estadística final sea la misma. Entre los profesionales, el debate ha sido duro, pero la cuestión no es sólo técnica, puesto que dada la trascendencia de la información obtenida, y de que incluso tiene repercusiones políticas, en algunos países la decisión se ha tomado al máximo nivel. Concretamente en Estados Unidos, este debate se planteó hace algo más de una década, y las cosas terminaron en el Tribunal Supremo (a los efectos, equivalente al Constitucional español), debido a que en la Carta Magna norteamericana se establece que el gobierno conocerá el estado del país mediante la realización de un Censo en el que participen todos los ciudadanos. El Tribunal estableció que participar en el Censo es un derecho y un deber, lo que a la vez elevaba a los agentes censales casi a la categoría de autoridad pública.
En España, como de costumbre, nadie se ha fijado en esto salvo colectivos técnicos muy específicos, y por tanto no hay conciencia de la importancia de la decisión. Y como no, al margen de la calidad media, hay que considerar qué pasa con los límites, o sea, cuáles van a ser las áreas de conocimiento más débil, con mayor margen de error. Esas se concentrarán en espacios con baja densidad de población, como las zonas rurales, que a la vez son las que menos fuentes de información tienen de manera regular. Una información menos completa y fiable implica políticas peor fundadas y menos eficaces. Y de esta forma tan sutil, el medio rural se encuentra, de nuevo, con otra discriminación.
