Crisis económica y crisis ecológica

La actual crisis no es solo un simple ajuste. Esto parece que ya está quedando meridianamente claro entre todos los analistas. Es una gran oportunidad, sin duda, para revisar el modelo económico sobre el que operamos y, en particular, la relación entre las actividades económicas y su incidencia ecológica.

Han quedado de manifiesto las consecuencias de nuestro sistema, que se basa en la suposición de una abundancia ilimitada de toda clase de recursos (energía, suelo, agua, aire), y todos de calidad. Es un supuesto que entra en conflicto directo con la realidad física, pero de manera continuada los avances tecnológicos nos han venido permitiendo alejar la frontera, el límite de carga de nuestro planeta.

La lógica financiera y crematística, la ausencia de regulación,  la pobre supervisión pública, la tolerancia política hacia la especulación, la evasión fiscal, la contaminación y el agotamiento de los recursos son notas características e interrelacionadas de este modelo. Buena parte de los fenómenos especulativos son posibles a costa de traspasar límites legales, que a su vez son permeables sobre la base de un déficit de gestión política, connivencia incluso de la Autoridad. Y estos implican contaminación y agotamiento de recursos.

Se ha hecho norma entender que la conservación ambiental es incompatible con el desarrollo económico, el empleo y la equidad social. El problema es que la economía no está desligada de las leyes físicas de éste planeta, por lo que los procesos económicos han de ser compatibles con los físicos. Si no es así, tarde o temprano se harán notar las consecuencias.

En Europa podemos contrastar la experiencia española, profundamente insostenible, con la de otros países, que han demostrado que se puede crear empleo y bienestar sobre la base de la protección ambiental y la equidad. Aquí se optó por un modelo de rápido crecimiento de empleo de baja cualificación, en sectores de bajo valor añadido, alto impacto ambiental y uso ineficiente de recursos naturales. Las consecuencias las conocemos de sobra, y es el momento de pensar en qué hacer para no volver a tropezar en la misma piedra.

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2 comentarios
  1. Asola dijo:

    Es fácil decir que la economía ha de ser compatible con la ecología, pero lo cierto es que muchas veces hay que elegir entre la fábrica que ensucia pero crea empleo, o la nada que obliga incluso a emigrar.

    • peliculero dijo:

      Responder adecuadamente a esto me podría llevar bastante espacio, demasiado, pero no será la primera vez que lo haga. Lo cierto es que los límites ambientales no son negociables, ni se solucionan con multas: la fábrica que ensucia estará perjudicando a alguien, que podrá tener o no capacidad de respuesta. Al final, se trata de un problema de reparto de costes; la fábrica que ensucia traslada costes a otra parte, a otras personas, y detrás hay un empresario que mejora sus beneficios gracias a eso. Socializacción de ccostes y privatizacción de beneficios.

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