Economía del casino

El pasado domingo 5 de Julio El País publicó un muy interesante reportaje sobre el proyecto “Gran Scala”, que pretende un gigantesco desarrollo urbanístico en Aragón, sobre la base de la aglomeración de casinos y otras actividades asociadas. El artículo exponía con precisión las características del mismo, y como cabía esperar, no han tardado en responder los defensores del mismo. La respuesta se centra en que el periodista no contó los datos de inversión ya efectuada que le transmitió el promotor, que el proyecto sí es conocido por el empresariado aragonés, y que ha obtenido la ley específica un amplio respaldo en la cámara regional. La verdad es que, sin entrar en que sea o no cierto, es lo de menos. Ya en una noticia anterior se comentó, y el reportaje venía al hilo de la aprobación de una ley hecha a la medida para permitir este proyecto.

Es esta iniciativa el paroxismo del modelo económico que ha envenenado a España en los últimos 15 años. Es la mejor muestra de toda una visión de la economía y del desarrollo económico. Sin duda, su promotor y quienes políticamente le amparan nos hablarán de los muchos millones que se van a invertir, de la transformación de la economía regional aragonesa, de la ingente cantidad de empleo que se generará, del tirón en el sector de la construcción, etc. Pero claro, resulta que estamos enfermos de ese tipo de cosas ¿No hay nadie en Aragón con la cabeza suficiente como para denunciar que esto es justo lo que no hay que hacer?

¿Que razones hay, señalará el defensor, para oponerse a la prosperidad? Bien, dejando al margen lo discutible del concepto, y la fácil manipulaciónque del mismo puede hacerse, cabría plantearse tres cuestiones:

  1. Territoriales: espero que nadie hable de sostenibilidad, porque esta iniciativa es el modelo por excelencia de la insostenibilidad. Se trata de la destrucción completa del territorio existente y su transformación en un sistema muy consumidor de recursos (energía, agua, suelo). En este sentido, si se llega a poner en marcha sólo hay una cosa peor a que fracase, y es que tenga éxito.
  2. Sociales: como se apuntaba en el artículo, el conjunto del proyecto son 5.000 hectáreas de edificaciones privadas en un espacio privado en el que no hay una autoridad pública indiscutible y soberana. Ásí pues, se da carta de naturaleza a una “ciudad privada” en el que, como consecuencia, los derechos no están protegidos ni garantizados. Supongo que es el modelo social “neocon” llevado a sus últimas consecuencias. En un espacio así se traslada un modelo social poco deseable. Además, cabe recordar que el entramado empresarial que hay detrás no es el habitual conglomerado de empresas multinacionales que viven de sus marcas; se trata de empresas dedicadas al juego, y a nadie se le escapa que es el tipo de negocio en el que prosperan las mafias internacionales.
  3. Económicas:  el éxito de esta propuesta enterrará para siempre la posibilidad de que Aragón sea una tierra que viva de sus recursos y los conocimientos de sus gentes, cercenará la posibilidad de una economía regional basada en el conocimiento, el valor añadido, la calidad y la sostenibilidad. En su lugar, miles de personas venidas de todas partes trabajarán como camareros o croupieres en el gran casino.
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2 comentarios
  1. currante dijo:

    No veo que se haga ninguna manipulación de la prosperidad. Se trata de convertir un desierto en un polo turístico de dimensión mundial, que además es de iniciativa privada: Dado que es así ¿que mal hay en que por lo menos lo puedan intentar? Lo de que el juego está conectado con mafias es un topicazo que no merece ni comentarse. Y además, donde no hay recursos, como es el caso, algo habrá que inventarse, y lamentablemente no todo el mundo puede ser desarrollador de software, alguien tiene que atender el bar.

    • peliculero dijo:

      El cemento es lo último que se planta. Esto debería figurar como divisa en todas las Consejerías de todas las Comunidades Autónomas, y en más de un Ministerio. En los Ayuntamientos, debería estar marcado en todos los despachos de alcalde.
      Hay cosas que es mejor no intentar, porque no queda muy claro qué es peor, si el éxito o el fracaso, y esta es una de ellas. Si tuviera éxito, el consumo de recursos seríe de tal calibre que los conflictos de hoy parecerán concordia. Sólo pensar en los problemas con el agua y la energía ya debería ser suficiente.
      Por otra parte, los problemas sociales no me parecen despreciables en este caso, no creo que el juego y lo que le rodea sea un modelo social deseable, y las conexiones entre ésta actividad y el crimen organizado son históricas.

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