La helada

En las últimas semanas se repiten los avisos, todos en la misma dirección. Desde el gobierno se habla de la necesidad de reducir el déficit a corto plazo, de que no se sobrepasen ciertos límites. Por su parte, la Comisión Europea también habla de la necesidad de controlar el gasto público, mientras que se nos traslada cierta inquietud, desde el BCE, sobre una posible subida de tipos, lo que implicaría automáticamente una subida en el Euribor. Coincidiendo con esto, el recién estrenado gobierno conservador alemán está viendo lo difícil que va a ser hacer lo que prometió, bajar los impuestos, porque sigue siendo necesario que el Estado incurra en déficit. Y encima, Sarkozy se descuelga con una propuesta de gasto digna de la grandeur de la France.

Al margen de las diatribas del PP sobre lo malo que es el gasto y la necesidad de otra política económica, sin entrar en el delicado debate de cúal, lo cierto es que aun no hemos salido del hoyo y ya hay muchos pensando en lo que hacer una vez que las cosas vayan bien.

Saber qué hacer depende mucho de lo que se prevea que pasará ¿Cómo evolucionará la economía en los próximos meses? Hay gente que cobra más que un controlador aéreo dedicada a hacer esto, pero yo, por lo mismo que cuesta descargarse una canción de Ramoncín en el eMule, puedo hacer unas cuantas suposiciones plausibles.

Lo primero que seguramente detectaremos será una cierta subida en la producción, que es una primera señal positiva, pero no es recuperación: los fabricantes, cuando las cosas se ponen feas, dejan de trabajar y esperan a liquidar stock, cuando esto se produce vuelven al trabajo, pero a un ritmo muy lento que prácticamente no crea empleo. La industria de bienes de consumo espera un crecimiento de éste, y la de bienes de producción a la de consumo, y en este panorama no hay un candidato claro a reactivar la economía.

Las economías familiares, por su lado, siguen muy endeudadas, procuran ahorrar todo lo que pueden y consumen lo imprescindible. Los bancos, tras un primer cierre del grifo crediticio por miedo, ahora se encuentran en una situación mucho más confusa, con menos demanda pero de más riesgo (debido sobre todo a su comportamiento), y con una enorme cantidad de recursos financieros congelados en inmuebles que no se venden, así que siguen sin dar a las empresas financiación fluida para que estas puedan hacer inversiones. Por último, las exportaciones, que están mejorando, dependen de mercados exteriores que tienen las mismas incertidumbres que el nuestro, si bien ha de considerarse el valor de un amplio mercado soportado por el euro.

Con este panorama, reducir el gasto público o subir los tipos de interés supondrían, de forma casi inmediata, un frenazo a esos primeros pasos de la recuperación. Confío en que los mensajes, contradictorios con los actos, sean sólo de cara a la galería. Porque sería una estupidez imperdonable escuchar ahora a los que nos han metido en el pozo y frenar la dinámica pública, una helada que marchitaría esos prometedores brotes verdes.

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