Yebra o el desarrollo rural

No recuerdo un debate en el que se haya mezclado desarrollo rural y energía con tanta intensidad como en estos últimos días. Hubiese sido perfecto si, además, alguien se preocupara de la sostenibilidad. Hoy, la actualidad manda y se juntan estas cuestiones a propósito de la decisión de distintas corporaciones municipales de presentar su candidatura para la instalación de un almacén de residuos nucleares. La verdad es que la cuestión tiene muchos aspectos sobre los que reflexionar.

De entrada, y por empezar por el lado divertido de todo esto, parece ser que la mejor forma de acabar con las posibilidades de la energía nuclear en España es dejarla en manos de sus defensores. Ha bastado tener que tomar una decisión de relativa poca envergadura para lo que es esta industria para que el entramado argumental del lobby nuclear y su soporte político quede en evidencia. El PP ha demostrado que lo nuclear está bien, siempre que no esté en su caladero de votos. Y el sector pronuclear del PSOE ha funcionado igual: por si alguien tenía dudas, en materia nuclear seguridad es sinónimo de distancia.

Luego están las preguntas: ¿hace falta un almacén temporal centralizado (ATC, como es conocido) de residuos nucleares? ¿es sensato el procedimiento elegido para determinar su localización? Y sobre todo, ¿por qué el alcalde de un pequeño y encantador pueblo del medio rural, como por ejemplo Yebra, va a querer un almacén de residuos nucleares?

Un sitio para almacenar los residuos parece lógico y coherente si se apuesta por la energía nuclear, así que la situación actual es la que necesita ser explicada ¿a quién se le ocurrió eso de enviar algunos a Francia? ¿por qué nuestras centrales no tienen previsto un espacio específico de almacenamiento, y tienen que habilitar espacios provisionales? Cuando, como es mi caso, se considera que la energía nuclear es una estafa, parece sensato frenar la locura, minimizar los movimientos y mantener los daños en el lugar en el que están. Control de daños, en suma.

El procedimiento de elección ha suscitado críticas. Al parecer, eso de que quien pueda estar interesado lo exprese públicamente está mal visto, no vaya a ser que suceda lo que al final ha pasado: que uno de los tuyos te deje en mal lugar. Esto ha sido lo primero que preocupó al señor Rajoy, sin que haya expresado todavía sus preferencias de localización. Definitivamente, el modelo aznarista de designación a dedo cuenta con muchos partidarios, pues ofrece la ventaja de que es rápido y sólo se quejan los afectados ¿A quién le importa que sea poco democrático?

Nos queda la última pregunta ¿Por qué algún pueblo puede querer el ATC? Porque durante décadas el medio rural ha estado en el más absoluto abandono, porque la legislación ignora sistemáticamente esa realidad y hace muy difícil la vida allí, porque en muchas zonas rurales “apagón analógico” significará “se acabó la televisión”,… por esto y otras cosas, un alcalde sensato piensa que los agricultores apenas ganan y sus hijos se van, que los turistas están bien, pero solo vienen los fines de semana, y que eso del almacén de residuos nucleares es una inversión tremenda, que va a dar vida al pueblo durante décadas, y que los que se oponen no están ofreciendo nada a cambio que se parezca.

Y es cierto, no puedo decir que me parezca mal, porque por muy en contra que esté, el medio rural español está en una situación tal que el ATC es una solución. Hay muchos cambios que hacer, y muy profundos, si queremos que el medio rural tenga un desarrollo realmente sostenible

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