Mercado de trabajo y acuerdo social

En estos tiempos de crisis económica, cuando el desempleo sube, el debate socioeconómico se traslada a la necesidad de reformar el mercado de trabajo. Últimamente es el debate económico por excelencia, como si una reforma fuera el instrumento mágico que permitiera crear empleo. No es la primera vez que pasa, si algo está correlacionado en España es esto con el crecimiento del desempleo. Sin embargo, en términos económicos el desempleo es un síntoma; cuando se crea empleo es porque las empresas necesitan trabajadores, y cuando no es porque no hacen falta. Obvio ¿no? Claro que si esto es así de claro ¿por qué en España se destruye tanto empleo y en Alemania tan poco?

Llama mi atención, por otra parte, que los datos oficiales nos dicen que durante los últimos diez años se han formalizado muchos contratos fijos (más de 10 millones), que en ese intervalo se ha creado mucho empleo con ese sistema de contratación que ahora parece tan malo, y que en un par de años las empresas han despedido a más de dos millones de personas. Menos mal que despedir es caro. A juzgar por esos datos, el sistema actual crea empleo y no pone demasiados reparos a la hora de los ajustes.

Por otra parte, la economía sumergida florece, y los últimos datos de Hacienda hablan de que uno de cada cuatro euros de nuestro PIB escapa a su fiscalización, y muchas empresas sortean la crisis pasando a la alegalidad. La economía sumergida es un conjunto heterogéneo de actividades en el que hay algunas ilegales, pero en el que por lo general predominan otras que responden a dos tipologías de alegalidad: o bien se trata de actividades de poca dimensión y sin vocación lucrativa (como una pequeña huerta en un pueblo, que vende tomates a un restaurante), o bien son actividades que sí tienen una estructura empresarial, pero que aprovechan resquicios legales para mantenerse dado que difícilmente resistirían los costes que supondría pasar a la legalidad y seguir siendo competitivas (no pongo ejemplos, no hace falta). Esto dice mucho del tipo de actividades que se desarrollan en España, sin contenido innovador y de bajo valor añadido.

Ambas cosas nos conducen al problema del valor que aportan nuestros recursos humanos ¿Por qué la economía alemana ha padecido una recesión mucho más intensa que la española, pero apenas ha generado desempleo? No creo que sea por el coste del despido, ni por el sistema de contratación. Muy probablemente tenga que ver con el valor añadido que aporte cada trabajador a la empresa, y en el contexto de la cultura de cada empresa. Cuando el valor es alto y hay una cultura de la innovación, las empresas tienden a hacer contratos indefinidos y el despido es una solución “in extremis”. Si, como es nuestro caso, el valor aportado es escaso, el empresario no duda en reducir la plantilla incluso con carácter preventivo, y en tener personal sin contrataciones legales y eludiendo las obligaciones fiscales. Lo más grave es que en muchos casos esto último se hace con una extendida aquiescencia social.

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2 comentarios
    • peliculero dijo:

      No puedo estar más de acuerdo con las observaciones del profesor Ruesga a propósito del despido. Y con respecto a las pensiones, también, aunque debo reconocer que tendría que expresar mis reflexiones de forma más amplia…

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