Audacias y castigos

Mi siempre admirado profesor Krugman expone en su artículo del domingo pasado en El País una brillante reflexión en torno al por qué de la derrota demócrata en las recientes elecciones parlamentarias de EEUU. Contra lo que cabe esperar, nada de análisis económico: política pura. Y dicho en pocas palabras, señala a la falta de audacia, o mejor, a adoptar el lenguaje y las formas del adversario conservador, el origen del desencanto y la derrota ¿a alguien le suena esto?

El presidente Obama inició su mandato lanzando un paquete de estímulos económicos que para la oposición republicana era un dispendio, pero para un amplio sector de sus propios asesores (Krugman incluido) era insuficiente. Cuando empezó a notarse que el impulso se acababa, en lugar de reconocer que el país estaba peor de lo que había estimado inicialmente y ampliar los estímulos, adoptó la retórica de que todo estaba encarrilado (del tipo “el plan es bueno, hay que dejarle madurar”), y después las formas y argumentaciones de los conservadores (“las familias están tomando decisiones difíciles, el gobierno ha de hacer lo mismo”). Krugman reprocha a Obama que si el presidente no defiende su propia visión de la economía ¿quién lo va a hacer?

Salvando las distancias, se pueden establecer muchas analogías. Zapatero pudo reconocer lo mal que andaban las cosas en dos ocasiones, al empezar esta legislatura y al lanzar el Plan E. En ambas pudo, además, aclarar la estrategia que se quería seguir. No lo hizo, y comenzó a adoptar las maneras de la derecha. Cuando en la pasada primavera los especuladores financieros se lanzaron contra nuestra deuda, no hubo ya resistencia posible. Al igual que Krugman, digo lo mismo: si el presidente no defiende su propia visión de la economía ¿quién lo va a hacer?

¿Es posible evitar un desastre? Sí, por supuesto. En parte ya se ha empezado a hacer ese cambio, pero hacen falta muchas cosas. El giro que ha empezado en el cambio de gobierno ha de incluir un reconocimiento de que retrocesos como los que propone Cameron para Gran Bretaña no son tolerables (pongamos eso como ejemplo), y de alguna forma el propio presidente deberá mostrarse al frente, si es que quiere volver a presentarse como candidato, para recuperar el crédito perdido. Sólo con audacia podrá recuperarse del castigo recibido.

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