¿Contrición o autocrítica?

La Contrición, en el cristiano sacramento de la penitencia, es el dolor y pesar de haber pecado ofendiendo a Dios. La Real Academia define la palabra también como arrepentimiento de una culpa cometida. No sé si el muy cristiano ex director del FMI, D. Rodrigo Rato, ha reflexionado sobre esto, o si ha leído el informe de auditoría externa del Fondo y ha pasado directamente a la indulgencia sin hacer propósito de enmienda. En El País del pasado 10 de febrero pudimos leer la noticia de un demoledor informe de evaluación de las acciones del Fondo. El auditor hace una dura crítica a la actuación del organismo entre 2004 y 2007, un periodo que cubre toda la etapa en la que Rodrigo Rato estuvo al frente del organismo.

El Fondo no sólo no previó la crisis que ahora nos azota, sino que reiteradamente puso como ejemplo a seguir algunas de las prácticas financieras más destructivas, desoyó las señales de alerta y se mostró complaciente con los países ricos, en especial Estados Unidos, que acabó siendo el foco de la crisis. Entre las causas, el informe cita deficiencias organizativas, batallas internas, falta de comunicación, sesgos analíticos, presiones políticas, autocensura y falta de supervisión y control por parte de la dirección del Fondo. Empleados entrevistados denunciaron que lo que se esperaba de ellos es que confirmasen las ideas dominantes, con independencia de los resultados prácticos, y que expresar opiniones críticas podía arruinar la carrera profesional. El informe, elaborado por la Oficina de Evaluación Independiente del FMI, reconoce que muchos de esos problemas no aparecieron con Rato, sino que se venían arrastrando.

Los que llevamos tiempo denunciando el papel acientífico del Fondo, premiando comportamientos ideológicos sin fundamento, y que por lo general conducían a agravar las situaciones críticas, no podemos sino alegrarnos. El listado de países en los que los juicios apriorísticos del FMI han conducido a estrepitosos fracasos de política económica es largo, y nadie va a indemnizar a los perjudicados, millones de personas con salarios congelados o reducidos, trabajadores que pierden sus empleos, empresas quebradas, familias que no pueden acceder a bienes y servicios básicos, etc. Queda por ver si esta reflexión es sólo autocrítica, denuncia de lo que se ha hecho mal, o si es contrición, esto es, incorpora el propósito de cambiar las cosas. Y si es así, no estaría de más que fuese público, porque si no será difícil que alguien se lo crea.

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