Revolución, capítulo cuatro: guerra civil y masacre

La revolución árabe se ha extendido con diversos niveles de intensidad por doquier, pero sin duda el país en el que ha alcanzado un aspecto más dramático es, sin duda Libia. La verdad es que, visto en perspectiva, la situación hacía prever lo que está sucediendo, lo que de alguna forma hace todavía más grave el miserable papel de la comunidad internacional en general, y de Europa en particular.

Hasta con las autocracias hay posibilidad de establecer jerarquías en función de su perversidad, y sin duda Gadaffi es uno de los tiranos más repugnantes del catálogo. Se hizo con el poder tras un golpe de estado, y ha construido un régimen sobre la base de la tribalización del país. Cabe recordar que tanto en Túnez como en Egipto las dictaduras se estructuraban en torno a niveles elevados de institucionalización (partidos únicos, importancia del ejército, entramado estatal de poder). La situación libia era (o es) justo la contraria, hasta el punto de que el propio Gadaffi carece de un cargo definido. Esto hace que el poder personal sea absoluto, y que la adhesión al líder sea imprescindible. En Túnez o Egipto los respectivos tiranos se enfrentaban a la tentación de abandono de muchos acólitos, que buscarán ahora mejor acomodo con los nuevos poderes una vez que su gran proveedor ha desaparecido.

La estructura libia, por el contrario, se basa en la adhesión o la muerte. Y además, Gadaffi ha actuado en el sentido de fortalecer esa posición, de forma que todos los que tienen algo que perder han quedado secuestrados sin posibilidad de deserción. La oposición, tras un primer momento de éxito, se enfrenta ahora a la contraofensiva de los mercenarios del tirano, que por cierto vienen de “dictaduras amigas” como Siria o Argelia.

La situación de los opositores es ahora desesperada, y la comunidad internacional lleva semanas discutiendo qué hacer, eufemismo para decir que los que sí tienen interés en Gadaffi ya le apoyan, mientras que la oposición está huérfana y camino del sacrificio. Visto lo visto, si Gadaffi consigue aplastar a la oposición ¿cómo se plantearán las relaciones europeas con él? ¿Podremos seguir como si no hubiera pasado nada? ¿Qué clase de mensaje estamos lanzando al entorno, a las potenciales democracias de Oriente Próximo y a los tiranos actuales? Desde la UE estamos dando cobertura a la reacción antidemocrática, y si no ayudamos ahora a los libios, estaremos condenando a muchos más a seguir en la oscuridad de la opresión.

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2 comentarios
  1. Manuel dijo:

    Me gustaría creer que es posible, pero la realidad me desmiente. Supongo que primero tendría que haber una aclaración del concepto “interés nacional”, diferenciado de los “intereses empresariales”, única manera de actuar proactivamente. El caso libio es paradigmático ¿que posición debemos adoptar desde Europa? Ahora es fácil quejarse de las actuaciones de corto plazo coexistiendo con Gadafi durante años, pero… ¿qué opciones había en esos momentos? La experiencia cubana demuestra que una política de hostilidad crónica no sirve para que ningún tirano caiga.

  2. oxys dijo:

    El cambio en la comunidad internacional de la última semana es esperanzador, pero no deja de ser sospechoso que estos solo se producen si hay petróleo de por medio, o si está en riesgo algún patio trasero ¿Sólo es posible tener un orden internacional a cañonazos?

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