Aquiles y la tortuga

Los griegos nos están obligando a prestar atención constante a la cuna de nuestra civilización. La verdad es que tampoco es que hayamos aprendido mucho desde que 500 años antes de nuestra era sentaran las bases de la filosofía, la política, el arte, la ciencia y todas esas cosas a las que parece que renunciamos a favor de ese invento inglés de hace un par de siglos, el mercado financiero. Por entonces se reflexionó sobre las principales cuestiones sobre las que hemos venido dando vueltas los siguientes 25 siglos. Se dice pronto.

Siempre me gustaron los sofistas, artistas de la confusión manejando conceptos y palabras. Una reflexión que me cautivó cuando la conocí es la historia de Aquiles y la tortuga, una de las paradojas de Zenón de Elea. Aquiles, el héroe aqueo, decide salir a competir en una carrera contra una tortuga. Como corre más rápido, le da una ventaja inicial. Al darse la salida, Aquiles recorre en la distancia que los separaba inicialmente, pero al llegar allí descubre que la tortuga ya no está, sino que ha avanzado un pequeño trecho. Aquiles sigue corriendo, pero al llegar de nuevo donde estaba la tortuga, ésta ha avanzado un poco más. Obviamente esto seguirá sucediendo, de manera que Aquiles no ganará la carrera, ya que la tortuga estará siempre por delante. Hubo que esperar al desarrollo del cálculo infinitesimal en el siglo XVII para demostrar que Aquiles sí alcanzaba a la tortuga. Lo que Zenón de Elea pretendía era demostrar que nuestros sentdos nos engañan.

En fin, 2.500 años después, poco más o menos, nos encontramos con una paradoja de similares características. Nuestros decisores de política económica europeos pretenden hacernos creer que nuestros sentidos nos engañan, y que la recesión nunca alcanzará a nuestra economía antes que los efectos benéficos de los recortes presupuestarios, la tortuga de la austeridad, hagan efecto. Porque la lógica es impecable, claro: el sector público deja de absorber recursos y las empresas se lanzan a invertir y crear empleo. Lástima que la realidad es que el nuevo Aquiles, la recesión, más que probablemente ha superado ya a la tortuga de la austeridad. El desfase de las estadísticas nos traerá el resultado de la carrera con los datos trimestrales del PIB y los mensuales de la EPA. Lo que ya no tengo nada claro es si bastará la constatación de la realidad cuando lleguen los datos, o estos nuevos sofistas neocon argumentarán que nuestros sentidos nos engañan y tendremos que esperar a nuevos desarrollos en el cálculo infinitesimal.

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