Otra forma de ver nuestras ciudades

El pasado lunes tuve ocasión de leer una desoladora columna de Arturo Pérez-Reverte, que no podía dejar sin respuesta. Debo confesar, de entrada, que soy un ávido lector de sus novelas, y desde ya me declaro fiel seguidor del capitán Alatriste, lo que no debe distraerme del problema de fondo, el “urbanismo de género”.

De entrada debo reconocer lo inadecuado del término. Voy a conceder que los que nos preocupamos por la igualdad entre sexos real nos enfrentamos no sólo contra los discriminadores, sino también con los artistas del lenguaje que se preocupan sólo de nombres y designaciones, violando muchas veces las reglas básicas de la lengua castellana. No pondré ejemplos porque abundan.

Los arquitectos y urbanistas pueden, y deben, tener en cuenta ese enfoque, que debería ser denominado “la ciudad para todos”, “enfoque democrático”,… no sé bien como llamarlo. La idea central es que las ciudades actuales están diseñadas desde la perspectiva de los profesionales que las hacen, que suelen ser varones de mediana edad con alto nivel adquisitivo y vehículo, y no tienen en cuenta a otros colectivos que también la usan: mujeres, niños, ancianos. ¿En qué se manifiesta esa forma de hacer ciudad? En la prioridad de la circulación rodada frente a los espacios libres para estar, por ejemplo. Madrid es un ejemplo claro de ausencia de este enfoque: la prioridad es ir de un sitio a otro, y hay muy pocos lugares adecuados para estar, parar, relacionarse. Y cuando los hay, el espacio se vuelve hostil por las soluciones que se han adoptado (otro ejemplo, la Plaza Mayor, intransitable para una mujer que lleve tacones). Obviamente, el enfoque es algo más complejo, pero como no dudo de su inteligencia imagino que con este breve apunte puede hacerse una composición adecuada.

Y del asunto de los pinos y los cortafuegos ye me ocuparé en otro momento.

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2 comentarios
  1. Mikel dijo:

    Dejando de lado la cuestión gender/género y sex/sexo, tan diferentes en inglés y en las lenguas romances, he de señalar que no es que haya una dicotomía entre “varones de mediana edad con alto nivel adquisitivo y vehículo” y “mujeres, niños, ancianos”, sino entre los primeros y el resto de las personas, incuyendo a los varones que no responden a ese perfil determinado.
    Además, ¿solo las mujeres pueden llevar tacones? Creo que el argumento merece otro ejemplo, ya que se debería haber hecho referencia a las dificultades de movimiento debidas al pavimento, afectando, sobre todo, a las personas de movilidad reducida o con inestabilidad.
    Por lo demás, el agitador AP-R pone el dedo en la llaga, y a fe mía que lo hace, como casi siempre, de manera acertada y chispeante. Contamos en numerosas zonas (¿patrias?) con unos localismos acrecentados y con unos estereotipos rechazados (pero propugnados y amplificados) a los que se suman unos absurdos europeos que generalizan este enfoque de manera sistemática en vez de ser aplicado en su correctos términos y en su mendida adecuada.
    La UE en sus Fondos de Cohesión, para Proyectos del período 2007-2013 así lo exige (la política de género). ¿Perspectiva de género en una presa, en un intercambiador de transporte o en un centro de transferencias de residuos? (hablo del proyecto de construcción, que conste). Pues sí. De ahí que se haga traslado tal cual al urbanismo o a cualquier otra cosa, lo que exige un epígrafe o párrafo en el proyecto. Ah, y desgraciadamente, nuestro urbanismo (el madrileño, del cual …) tiene como cabeza (de ariete, no pensante) a una mujer de más que de mediana edad, con alto nivel adquisitivo, con título nobiliario y vehiculo, cedido por todos nosotros. Ah, y encima va en tacones, si bien hay que decir que entra por la Puerta del Sol, no por la Plaza Mayor.
    Resumiendo, menos mal que hago la compra en el mercado de Tirso de Molina: aquí tienen buen género.
    http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/660/sobre-libros-canas-y-tapas/.

    • peliculero dijo:

      No quería yo ser tan radical en la apreciación de dicotomías, visto sobre todo el tono que usa el señor Pérez Reverte. Y sí, hay ejemplos más válidos, pero por mucho que él agite la realidad de fondo es la que es. Las orientaciones generales exigen un traslado inteligente, y como en España en esa materia gastamos menos de lo justo, así nos encontramos el catálogo de insensateces que recogemos con frecuencia… ¿Es insensato el enfoque de género en una obra civil? Pues si es un intercambiador de transportes, no; si es una presa, sí. Volvemos al problema del enfoque inteligente. ¿Significa eso que hay que hablar del asunto en el proyecto? De nuevo no, se trata de tenerlo en cuenta en el diseño. No tiene sentido andar con explicaciones; si tu enfoque es de igualdad, será apreciable en tu obra, sea la que sea (y si no lo es, también, como muy bien constatamos los madrileños).

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