El nuevo (viejo) modelo se abre paso

No importa el plazo de evaluación que le pongamos al actual gobierno, que suspende. Si tuviera que presentar una trimestral, como cualquier empresario, le faltarían los Presupuestos Generales del Estado, y con los habituales 100 días (por cierto, una convención establecida en la primera presidencia de Roosevelt en 1932, en plena Gran Depresión) la situación no mejora nada en absoluto. Bien es verdad que desde el primer día se ha escrutado a Rajoy muy por encima que a cualquier otro presidente anterior, pero también es cierto que el contexto global manda, y además el propio Rajoy construyó su propia trampa al sobrevalorar la importancia del relevo y personalizar en Zapatero la condición esencial para la recuperación, como si por ello se fuera a producir un vuelco mágico en las cifras de la economía.

De alguna forma, Rajoy sí fue sincero al decir que sería un gobernante predecible. Lo preocupante es que no lo es tanto por lo que dice en cada momento, sino por su agenda ideológica. De hecho, está dando la vuelta a su programa electoral, o a lo que en campaña dijo que decía su programa (que no es exactamente lo mismo), para dar cumplimiento a los principios básicos de la derecha neocon española, escudándose en que es lo mejor para salir de la crisis. Las reformas en curso, que no son sólo recortes, significan una profunda reestructuración del Estado tal y como se ha venido configurando en los últimos 30 años. Tal y como dice el señor Rajoy, no veremos sus efectos inmediatamente, y desde luego las consecuencias van a tener un alcance de décadas.

Cabe considerar que, mientras se está reestructurando la fiscalidad haciéndola más regresiva, desde el gasto público y de manera simultánea se está estrangulando al sistema público de I+D, haciendo más difícil el acceso a la universidad, empequeñeciendo la formación para desempleados y reduciendo la calidad del sistema educativo. Esto disminuirá las posibilidades de desarrollar una economía con más valor añadido, basada en el conocimiento, dado que los nuevos trabajadores estarán menos formados, y sólo podrán acceder a puestos precarios y mal pagados. Además, tendrán que estar en el mercado de trabajo más años para acceder a una jubilación, y tendrán una atención sanitaria más cara, de peor calidad y que pagarán dos veces.

El enorme volumen de recursos detraídos de esta operación ya está siendo canalizado, de nuevo, hacia el sistema financiero, mientras se intentan reconstruir los mecanismos que en su momento pusieron en marcha la burbuja especulativa, de momento sobre la base de la privatización de servicios públicos esenciales, esbozándose un clásico modelo de socialización de costes. El caso de Bankia, y su ya expresidente, son una muestra clara del destino de esos fondos, que desde luego no van a ayudar a ninguna reactivación. Es el modelo de siempre, presentado como nuevo, que se abre paso.

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