El despilfarro de las escuelas rurales

Una de las grandes víctimas de la austeridad va a ser el ya muy depauperado medio rural español. Cuando las cosas van bien, la legislación obvia las peculiaridades rurales y genera modelos organizativos que tienden a discriminarlo. Cuando las cosas van mal, los recortes siempre perjudican al más débil, y territorialmente hablando ya sabemos todos quien es.

Aunque esto podría haberlo escrito hace mucho, viene al caso recientemente difundido de Castilla La Mancha, que eliminará las escuelas rurales con menos de 10 alumnos por aula, unas 65 en toda la región. En general, se eliminan las aulas unitarias en favor de centros rurales agrupados. El consejero de Educación, Sr. Marín, indica que estas escuelas tienen más fracaso y abandono, y del resto de sus declaraciones podemos deducir las habituales observaciones sobre el particular: que hay que optimizar recursos, que es necesario mejorar la calidad educativa,… unos comentarios específicos sobre las escuelas rurales, que sí mencionó el consejero, es que con esta reforma se quiere facilitar la socialización y mejorar la igualdad de oportunidades.

Aunque muchas de estas razones se descalifican solas, a veces conviene insistir: es imposible mejorar la calidad metiendo más alumnos por aula. Lo que se rebaja así es el coste, sin duda. Estaría bien que se nos explicara por qué un aula de seis u ocho alumnos de diversas edades perjudica la igualdad de oportunidades o la socialización, frente a otra de treinta todos de la misma edad. Por otra parte, los informes PISA sostenían que los alumnos de estas escuelas tenían mejor nivel que la media, por lo que no parece que tenga mucho fundamento el aspecto académico, y sólo nos queda el financiero.

El consejero podría haber optado por reconocer, lisa y llanamente, que Castilla La Mancha no puede financiar estas escuelas, que es en el fondo lo que subyace en esta decisión, pero eso es tanto como reconocer el fracaso de la Comunidad Autónoma en mantener su territorio.

El mantenimiento de una escuela es una de las batallas clave de cualquier pueblo luchando por su pervivencia. Cualquier alcalde sabe que tras la escuela se van las madres, los servicios sanitarios, y empieza la espiral que conduce a la despoblación. Y nuevamente, decisiones de corto plazo sin evaluaciones solventes siembran los problemas a los que habrá que enfrentarse en el futuro. Con las excusas habituales de eficiencia y similares, a la vuelta de unos años nos daremos cuenta de que, al igual que con la educación, solo hay algo más costoso que tener un medio rural vivo: no tenerlo.

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