Biocombustibles y manipulaciones

Los biocombustibles están siendo un buen testigo de lo difícil que resulta poner en marcha una economía algo menos agresiva ambientalmente que la que tenemos. En principio podrían ser no sólo una forma de atenuar las emisiones contaminantes, sino un impulso a ciertas regiones agrarias. Por el contrario, están siendo un fiasco para los empresarios que se han metido en el sector, y se enfrentan a la acusación de ser los promotores de la escalada de precios de ciertos productos de alimentación básicos, como el maíz.

En este contexto, la UE ha dado un giro a su política, dando por buenas unas críticas que, como poco, carecen de fundamento, y puestos a ser realistas tienen un origen fácilmente reconocible.

Lo primero que hay que dejar claro es que los precios de esos productos primarios no tienen nada que ver con sus volúmenes de producción. El que tenga curiosidad que vea cual ha sido la producción mundial de trigo, maíz o arroz y como han ido evolucionando sus precios en los mercados mundiales, pongamos en los últimos diez años. La desconexión se debe a los capitales financieros especulativos, que han encontrado en las commodities la alternativa a unos mercados financieros que pasan por horas bajas.

Por otra parte, la mayoría de biodiesel se fabrica con materiales no aptos para el consumo humano, no competidores con la alimentación. Pero… si da lo mismo la cantidad destinada a biodiesel ¿por qué se han convertido estos carburantes en los malos de la película? Una parte de la respuesta está en la industria del petróleo, que ve este frente como otra amenaza a sus intereses globales y ha colocado esta alternativa a su monopolio en el punto demira. Y si hay una industria poderosa, capaz de manejar voluntades para conservar sus privilegios, esa es la del correctamente llamado oro negro.

Pero otra parte de la respuesta es la torpeza europea a la hora de regular su producción como nueva actividad económica. En un país como el nuestro, en el que el campo se despuebla y se abandonan las actividades agrarias, producir biocombustibles podría ser una forma de crear actividad y empleo, pero eso exige una legislación que fomente y proteja la proximidad, las cadenas comerciales cortas. Y nos hemos encontrado con lo de siempre: grandes empresarios importando biocombustibles de allende los mares, lo que ha dado alas a críticas por parte de colectivos ecologistas y de ONG, fundadas las más de las veces por el más que cuestionable saldo de carbono que dejan estas operaciones.

El problema es que, sin duda, las dos partes de la respuesta son la misma respuesta. La industria petrolera maniobra para hacer inviables las alternativas que supongan desconcentrar la actividad económica, y por tanto permitan la surgencia de pequeñas empresas de base local que den paso a una autonomía energética a poequeña escala. La más mínima brecha rompería el dique que permite embalser beneficios extraordinarios.

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