Las incógnitas de 2013

Los finales de año son periodos propicios para balances y reflexiones sobre el tiempo pasado. Por el contrario, el comienzo del año parece el momento para plantear propuestas y proyectos, y señalar las perspectivas de lo que será, o de lo que podrá ser, y este aspecto me parece interesante.

La verdad es que un año de gobierno del PP de Rajoy da para asegurar que sí hay un proyecto, aunque a muchos les cueste creerlo, y lo que vamos a ver es su despliegue. Parece natural pensar que no puede ser que un gobierno democráticamente elegido opte por políticas y actuaciones que lesionan gravemente los intereses y el bienestar de la mayoría de sus ciudadanos, incluidos los mismos que lo han apoyado en las urnas, pero lo cierto es que eso está sucediendo.

No es que Rajoy haya caído en el reverso tenebroso de La Fuerza, es que su modelo no implica los mismos beneficios para todos. Genéricamente, podríamos decir que se basa en un apoyo sin fisuras a grandes empresas y grupos de interés a costa de la ciudadanía en general y los bienes públicos en particular. Esto lo hemos podido constatar a través de medidas de política económica que tienden a reducir el nivel global de renta, como es el caso de la subida de los impuestos indirectos (no sólo el IVA), o de la bajada de salarios de los empleados públicos. Son dos ejemplos muy concretos de un paquete conocido y mucho más amplio que pretende la reducción de la renta familiar disponible. Eso, en los presupuestos estatales, supone detraer recursos de los servicios públicos o la inversión productiva (por ejemplo, I+D) en favor de gastos financieros (como rescates a los bancos o a las autopistas de peaje).

Esta reducción de renta no es un capricho, es una necesidad, dado que lo que se pretende de cara a los próximos años desde la perspectiva de nuestro modelo económico es volver a una situación parecida a los años dorados del ladrillo. Se trata de recuperar competitividad vía costes laborales en sectores tradicionales, abaratando en paralelo el coste de los recursos naturales. Por eso se está reformando la ley de costas, y seguramente no será la única relacionada con el medio ambiente que sea revisada.

Sin embargo, ya hemos visto algunas contradicciones en la propuesta, dado que los intereses de los grandes grupos empresariales no son siempre convergentes (ni coherentes a largo plazo, dicho sea de paso, ahí queda el caso Garoña para demostrarlo) y, por si fuera poco, la precaria situación de las finanzas públicas reduce enormemente los márgenes de maniobra. La contradicción más seria, en todo caso, es que este modelo que se propone nuevo es justamente el que acaba de quebrar, por lo que las posibilidades de crear empleo son cada vez más remotas, como de hecho reconocen todos los pronósticos.

Es previsible por tanto que a final de año, cuando hayamos superado con holgura los seis millones y medio de parados, los pronósticos económicos volverán a decir que 2014 será malo pero en 2015 llegará la recuperación. Lo que seguramente seguirá siendo una incógnita es si realmente crear empleo está en la agenda del gobierno.

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