Reiniciar el sistema

En agosto del año pasado dediqué una entrada al primer año de continua recesión de nuestra economía nacional, que por entonces acababa de publicar el INE, y me preguntaba sobre que podíamos esperar. Aun cuando imaginaba la respuesta, no deja de ser durísima. Seguimos en caída libre, el desempleo rebasa ya los 6 millones y la destrucción de empleo se ha acelerado. El paro crece a un ritmo tan intenso como en 2009, el año realmente duro de la crisis. A diferencia de entonces, la pérdida ahora no se concentra en la construcción o la industria, sino en los servicios, especialmente los públicos.

La recesión, por tanto, no es un capítulo coyuntural, ya no podemos hablar de crisis. Eso pasó hace ya más de cuatro años, y desde entonces los indicadores han sido negativos, salvo momentos aislados. Vivimos en la economía de la depresión, una situación de constante pérdida de actividad y empleo que no va a cambiar hasta que no haya un radical cambio de política económica, que además habrá de sostenerse durante bastante tiempo. El recién finalizado 2012 ha sido el segundo peor año de esta nueva era, sólo en 2009 los indicadores han sido peores. Pero a diferencia de entonces, ahora no tenemos un gobierno dispuesto a combatir el desempleo y la recesión. Las perspectivas para 2013 son, en el mejor de los casos, repetir las cifras de 2012, con lo que una caída del PIB del 1% y un aumento del desempleo en torno a 700.000 personas no serían malos resultados.

GRAF pib

Por si las cosas no fueran suficientemente malas, conviene recordar que nuestra población en edad de trabajar se está reduciendo. La población es dinámica, su estructura cambia constantemente, y así como en los años de bonanza las entradas de inmigrantes hicieron que creciera, la situación actual es justamente la contraria. Cada vez que un desempleado emigra, se reduce a la vez la población activa y la desempleada, y consecuentemente la tasa de desempleo, pero como los indicadores nos dicen que no sólo esto no sucede, sino que la tasa sigue creciendo, es tanto como decir que con cada uno que se va se añaden cinco desempleados más. Es evidente que no se trata de ningún ajuste, se está destruyendo tejido económico necesario.

Con un panorama así, certificando el peor resultado de gestión de un presidente, no sólo no se plantean políticas pensando en salir del atolladero, sino que se siguen planteando reducciones de gasto en actividades estratégicas, como políticas industriales, de I+D, de medio ambiente, cultura,…Si a esto añadimos la absoluta descomposición política en la que nos encontramos, en la que un evasor fiscal lidera un proceso independentista y una arribista sin conciencia es la política mejor valorada, queda claro lo que hay que hacer: reiniciar.

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2 comentarios
  1. Me ha encantado vuestro articulo y me ha sabido a poco pero ya sabeis lo que dice el dicho “si lo bueno es breve es dos veces bueno”. Me gustara volver a leeros de nuevo.
    Saludos

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