Algunas reflexiones sobre Ponferrada

No es una noticia demasiado relevante una moción de censura en un ayuntamiento, por mucho que se quiera ahora dar cuerda al reciente suceso de Ponferrada. Por lo general pasan inadvertidas, aunque en ayuntamientos muy grandes pueden llegar a trascender algo. Sólo si hay carnaza desde la perspectiva mediática duran un poco en los titulares, y esto por lo general da pie a perspectivas muy sesgadas, carentes de suficiente información como para un juicio de valor solvente.

Mucho me temo que eso es lo que está sucediendo con el caso de Ponferrada. La categórica frase de “no es posible llegar a ese acuerdo con un acosador sexual”, que es lo que se deduce de reflexiones tan equilibradas como las de Iñaki Gabilondo, me parecen de una simpleza bienpensante que no está a la altura de quien tiene todo mi respeto y admiración. No le veo yo diciéndole a Carrillo en 1976 que no es posible llegar a acuerdos con un falangista, en referencia a Suarez. O al revés, reconviniendo a Suarez sobre pactar con un comunista. Y sin embargo, gracias a eso estamos donde estamos. Dicho de otra forma, hablar y pactar con el rival político es la clave de este sistema, por feo que sea el rival.

Y no negaré que es muy feo, pero guste o no cometió un delito, fue condenado y cumplió el castigo. Y tras eso, se presentó a unas elecciones y su agrupación independiente se convirtió en la tercera fuerza política de la ciudad de Ponferrada. Para cuando esto sucedió ya habían salido elegidos en diferentes lugares y para diversas magistraturas sinvergüenzas de muy diferente calaña, Jesús Gil incluido.

La posibilidad de que se produjera un cambio de alcalde, dados los resultados electorales en Ponferrada, era más que previsible. La situación local no es particularmente extraña: PP y PSOE con un grupo independiente como tercera fuerza es una distribución bastante frecuente en las casas consistoriales españolas. Suele pasar que, además, los independientes sean una escisión de uno de los otros dos partidos. En este caso le había tocado al PP, dado que con ese partido estaba Ismael Álvarez en el gobierno municipal en 2002; la condena le apartó de la vida política pero, cuando pudo volver a presentarse lo hizo, aunque por rencillas personales en el partido ya no con los populares. Y obtuvieron un gran resultado en las últimas municipales, que les convirtió de hecho en árbitros de la gobernabilidad. En ese momento, la condición del líder de los independientes de exalcalde condenado por acoso sexual se convirtió en arma arrojadiza desde el PP hacia el PSOE. En todo caso, el PP conservó la alcaldía haciendo valer su condición de grupo mayoritario, y esperando que la afinidad ideológica con los independientes les permitiera mantenerse a lo largo de la legislatura.

Esto no sucedió. La corporación dirigida por Carlos Riesco (PP) no ha conseguido sacar adelante ni los presupuestos, y el desgobierno local se añade a la crítica situación por la que atraviesa la economía de la ciudad, sumida en un proceso gravísimo de desmantelamiento industrial, destrucción de la base económica tradicional y ruina de las actividades que podrían abrir nuevas vías de futuro. El ya exalcalde Riesco tiene un significativo nivel de responsabilidad en todo esto. En estas condiciones, que la oposición maniobre para derribar al gobierno no solo es razonable, es que es su obligación. Ante el evidente desastre de gestión es reclamable que los representantes elegidos por los ciudadanos busquen soluciones, porque precisamente para eso es para lo que se les elige.

Ahora escucho las censuras a los ya exsocialistas liderados por Samuel Folgueral, condenando que hayan llegado a un acuerdo con un acosador sexual. Obviamente se deduce de este planteamiento que es mejor dejar las cosas como están, esto es, el acosador en su puesto de concejal, y el señor Riesco como alcalde, aunque sea un completo inútil que esté echando a perder la ciudad y la comarca en la que se asienta (El Bierzo). Sinceramente no entiendo quien se beneficia de esa situación, ni veo en que perjudica la causa de la igualdad de la mujer la nueva, cuando lo más probable es que gracias a este cambio mejoren las políticas de igualdad en Ponferrada.

Es cierto que el delito cometido es repugnante, podemos privadamente continuar reprochándolo, pero las condenas a perpetuidad aun no son legales, aunque el ministro Gallardón lo está estudiando. No creo que podamos estar señalándole con el dedo y maldiciendo a quien le dirija la palabra. No sólo no parece democrático, tampoco me parece ético.

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1 comentario
  1. sandra dijo:

    muy razonable lo que dices, todos los cambios son para mejor vamos a darles la oprtunidad y confiar en que lo haran mejor…

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