Otro país

Más de un mes desde el último post. Definitivamente, me estoy volviendo perezoso. Y no será porque no haya cosas que comentar, empezando por la que sentimentalmente más he sentido: la muerte de José Luis Sampedro, gracias al que descubrí eso de la “economía del desarrollo”, estación de paso necesaria para llegar a reflexiones sobre la sostenibilidad. Muchos años después he de darle la razón en otra cosa más: esta profesión de economista sólo tiene dos caminos, hacer a los ricos más ricos o a los pobres menos pobres. Y la verdad es que la realidad se ocupa todos los días de recordarnos que la consciencia y el compromiso, como los del profesor Sampedro, son imprescindibles.

Los recientes datos de la EPA son un nuevo golpe, una nueva llamada de atención. No por esperados son menos duros, y como no hay visos de cambio en la política económica, tal y como el señor Rajoy ha dejado claro, no queda más remedio que reflexionar sobre lo que va a suceder (de hecho, está sucediendo). Seis millones doscientos mil personas. Haciendo un cálculo rápido, son en torno a cinco millones de familias, que es tanto como decir que en una de cada tres familias hay al menos un desempleado. Aunque hay ciertas características frecuentes, afecta ya a cualquier sector, profesión, cualificación y nivel profesional. Son un país dentro de nuestro país.

Me gustaría creer que esto es una exageración, pero hay motivos para tomársela con un poco de seriedad. El año pasado se desahuciaron 30.000 viviendas principales, con lo que casi 100.000 personas se quedaron sin lugar para vivir, y con el lastre de una deuda inasumible. Millón y medio de desempleados no tienen ya ninguna cobertura. Y en este contexto, la imposición indirecta no hace más que subir, todas las ayudas públicas están en proceso de reducción o desaparición, y servicios hasta hace poco sin costes adicionales tienen ahora tasas (incluso aquellos ya pagados por los presupuestos públicos, como la sanidad). Es un proceso continuado de reducción de la renta disponible, que ya comenté en un post anterior, y que está marginando a cada vez más población.

Lo grave es que el proceso se está fortaleciendo, cada vez es más fácil caer en la espiral y cada vez afecta a más gente que aparentemente “no tendría que estar ahí”. Para agravar las cosas, nuestro precario sistema de protección social se encuentra también en regresión, y cada vez más personas se quedan a la intemperie. Esta creciente miseria tiene dos consecuencias inquietantes, una a corto y otra a largo plazo. A corto plazo, se está gestando un “país B”; la tradicional economía sumergida española está cambiando cualitativamente, dado que cada vez es más caro estar dentro del sistema. A largo plazo, la emigración de los mejores talentos y el paro de larga duración limitarán durante años el potencial de crecimiento y enquistarán a un volumen enorme de trabajadores con dificultades para reintegrarse al empleo. Así que poco a poco las políticas “liberales” están construyendo otro país. Eso sí, de pesadilla.

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