Becas y rentas

El ministro Wert tiene un serio problema: no engaña a nadie, pese a que lo intenta. Si no lo intentara, si fuera sincero, si nos comunicara desde el principio cuáles son sus objetivos, es probable que tuviera los mismos apoyos y detractores, pero al menos ¡todos apreciaríamos su sinceridad! La propuesta que nos lanza en torno a las becas es un gran paso en la construcción de un modelo educativo clasista que, francamente, no tiene precedentes (o no los he encontrado). Hasta en el más crudo franquismo se destinaron becas para que el número de estudiantes creciera, dado que se percibió la necesidad de ampliar la base formativa de la sociedad para poder construir una economía más sólida. El ministro defiende su propuesta atendiendo a la necesidad de fortalecer la excelencia y premiar el esfuerzo, y nos recuerda que las becas son fondos públicos que han de ser escrupulosamente controlados. Y todo esto en ese tono agresivo pero tranquilo que le es característico; creo que merece una respuesta a la altura.

Wert viene a decir que quienes reciben fondos públicos en forma de beca son unos afortunados a los que cabe exigirles cierto nivel académico. No es un mal argumento, así que voy a darle la razón: supongamos que debería ser así. En ese caso, deberíamos ver todo el entramado de ayudas al estudio, y así descubriríamos que en el fondo todos los estudiantes de las universidades públicas son becarios, dado que ninguno paga el total del coste de la matrícula (de media, una matrícula cubre sólo el 20% de dicho coste).

Así pues, un estudiante de familia acomodada que se matricula en una universidad pública recibe una beca “en la sombra” de un 80% de la matrícula, y uno sin recursos ha de pedir una ampliación que cubra el resto de la matrícula, y adicionalmente gastos en libros, material, manutención y otros. Al primero no se le va a pedir ningún requisito: si aprueba, bien; si no, al año siguiente repite la operación (aunque en segundas matrículas la “beca en la sombra” es menor). Al segundo, sí. Y ahora se pretende subir el nivel de exigencia un poco más, a lo que hay que añadir los retrasos en la concesión, la incertidumbre hasta que se recibe respuesta afirmativa de la Administración,… el argumento de Wert se desvanece: la exigencia, al final, es sólo para quién no tiene recursos, y su propuesta es claramente clasista dado que le vamos a seguir dando beca (si bien es verdad que oculta) al que tiene renta.

En realidad estamos mezclando dos cuestiones diferentes. Una cosa es la equidad, y otra la exigencia académica. Son dos objetivos compatibles pese a lo que se diga, pero sí es cierto que desde un cierto momento hay que elegir y establecer políticas para cada uno. En este país, lamentablemente, necesitamos de las dos.

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