Política, ciencia e ignorancia

La ciencia genera conocimientos que van acumulándose de manera que nuestra vida puede ir mejorando en todos los aspectos. Vivimos más y mejor, en mejores entornos, con herramientas y máquinas que nos facilitan un amplio conjunto de aspectos y nos abren posibilidades simplemente insospechadas conforme pasa el tiempo. Esto parece una obviedad, pero lo cierto es que no está nada claro que lo sea, y al menos a nuestro actual gobierno no le consta, o eso podemos deducir de las últimas acciones legislativas. La ciencia, muchas veces, suministra respuestas incómodas, en especial cuando de sus conclusiones se derivan las bases de políticas como las ambientales y territoriales.

La revisión de los sistemas de protección ambiental actualmente en curso por el gobierno no es sólo un regalo a intereses empresariales bien definidos, sino que tendrá consecuencias probablemente trágicas. El caso de los incendios forestales es un clásico de nuestro territorio, todos los veranos parece que llegan como una plaga bíblica a castigarnos. Sin embargo, tenemos un amplio conocimiento científico (y además español) de qué hacer para prevenirlos y para que una vez se extinguen el medio se recupere mejor. También sabemos como intervenir para que los riesgos sean menores, para que la resistencia al fuego sea mayor,… ¿por qué entonces todos los años lo mismo? Porque las políticas no se basan en el mejor conocimiento científico, dado que este no siempre coincide con la mejor rentabilidad.

La revisión de la ley de costas, recientemente aprobada, era una vieja reclamación de muchos poderes facticos y de ciertos sectores de la derecha (no sólo el PP, también CiU o el PNV). El desmantelamiento del dominio público en beneficio de unos pocos grandes propietarios (con la excusa de unos pocos más pequeños) tendrá consecuencias de largo plazo claramente previsibles. Las costas no son solo las playas, son ecosistemas complejos con interrelaciones profundas con el interior y con los grandes ciclos biofísicos, y la reforma ignora el conocimiento que tenemos sobre éstos y la dinámica costera. Las consecuencias previsibles incluyen inundaciones crecientemente graves. Cuando haya víctimas ¿cómo explicar a los damnificados que eran perfectamente evitables?

La defensa del medio y de los sistemas de protección ambiental, como ya he afirmado en otras ocasiones, no es por espíritu romántico, es puro egoísmo, se trata de reducir riesgos. Es ciencia aplicada para mejorar nuestra vida a través de políticas. Ahora bien, eso implica una cierta distribución de costes, públicos y privados, lo que traslada la cuestión a otro terreno en el que no es alegable la ignorancia. En especial, si hay en juego vidas.

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