Desarrollo económico y “fracking”

Entre las atrocidades ambientales del gobierno, la clásica cortina de humo de Gibraltar y el “asunto Bárcenas” (al que tendremos que cambiarle el nombre por el del propio Rajoy), el verano parece que no nos ha deparado novedades. Y sin embargo haylas, como no. Que necesitamos poner en marcha otro modelo económico, más basado en el conocimiento y menos agresivo con el medio ambiente es algo que ya he repetido muchas veces. Y también he denunciado que sigue habiendo muchos que piensan en volver a la situación anterior. De hecho, las actitudes de muchos responsables políticos tendentes a repetir los procedimientos de antaño certifican que están aun pensando que las cosas volverán otra vez a ser como antes, y aquí no ha pasado nada.

Un ejemplo de esta persistencia en el ensueño de “volver a los viejos tiempos” es el proyecto de explotación de yacimientos de hidrocarburos mediante la técnica conocida como “fracking”. No voy a entrar en la descripción de la tecnología, que puede consultarse en muchos lugares. La noticia ha saltado porque en Balcombe, al suroeste de Gran Bretaña, la sociedad civil se ha levantado contra las prospecciones exploratorias. De esta no nos libramos, porque en esta península tan carente de combustibles fósiles, amplias zonas del cuadrante nororiental podrían tener yacimientos explotables, lo que afectaría a Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja y Castilla y León, por el momento. La primera vez que tomé contacto con este tema fue hace dos años, y ya entonces escribí un post.

Ontaneda

Por entonces se estaban dando los primeros pasos, tanto de las empresas de la industria como de los colectivos contrarios. Y en ese tiempo, la sociedad civil se ha movilizado y parece mostrar un grado de seriedad y conciencia del que nuestros políticos carecen. Podría pensarse que esta es una de esas veces en la que el medio ambiente es un impedimento al desarrollo económico, así que habría que reflexionar un poco sobre esto ¿Lo es?

Bien, para empezar, la evidencia científica apunta en el sentido de que esta actividad es un riesgo cierto, y no es porque yo lo diga. En circunstancias así, los modelos de gestión de riesgos recomiendan abstenerse. Obviamente, las empresas dedicadas a la extracción continúan porque ellas no son las que pagarán en caso de desastre, y lo que es más importante, no van a seguir en el territorio una vez se acabe el negocio: los beneficios crematísticos se habrán acabado, y en el suelo quedarán los costes. Y esa es precisamente la cuestión más importante, porque ni la mejor de las restauraciones deja un espacio siquiera cerca de cómo estuvo originalmente. Aceptar esta actividad es arrasar el territorio de hoy, y también el de mañana. Respetar y conservar el medio no es, por tanto, un lujo, es una necesidad vital. Los que quieren convertirlo en dinero son los que se no se quedarán después en el suelo envenenado.

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