Problemas de visión

Dado que tenemos un gobierno que no invierte en nada, la única forma de saber que visión tiene de la economía a largo plazo es valorar en lo que desinvierte. Dicho de otra forma, como se procura no gastar en nada, hay que ver en qué se retiran los fondos con más ánimo. Y lo cierto es que las cuestiones ambientales y territoriales son claramente una prioridad. Los recortes en sanidad o educación son muy visibles, los efectos son inmediatos y, como consecuencia, la ciudadanía se moviliza. Pero las cuestiones ambientales tienen una afección directa más limitada, aunque a la larga nos afectarán a todos, como ya apuntaba en mi última entrada. Al hilo de lo que comentaba entonces, me encuentro una noticia del pasado 22 de marzo que pone de manifiesto esto que comento, por si no hay suficientes ejemplos.

Una de las consecuencias de la contrarreforma eléctrica y la penalización de las energías renovables es la crítica situación de las plantas de tratamiento de purines (excrementos de ganadería porcina). Su función es producir energía a partir de esos residuos, muy ricos en nitrógeno y muy contaminantes. No es una forma barata de producir energía, pero entre lo que producen y la contaminación que retiran su coste está más que compensado. Como no podía ser de otra forma, el Ministerio Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha salido en su defensa, al menos verbalmente, pero el señor Soria pregunta sobre el sentido de su coste en la factura de la luz. La pregunta es pertinente, no cabe duda.

La visión crematística que se deduce de ella tiende a ver el mundo de manera unidimensional, así que es natural que el Ministro de Industria y Energía se pregunte que hace pagando un problema ambiental del sector agroalimentario. Esta visión del mundo conduce a sectorializar las opciones y, por tanto, a reducir al mínimo las soluciones innovadoras. Tristemente esto nos lleva a una situación de bloqueo, al callejón sin salida en el que nos encontramos. Si hubiera una gran solución ya la tendríamos implantada en medio mundo, y haríamos lo de siempre, copiarla. El problema es que no la hay, y por eso no queda más remedio que abordar el problema desde otras perspectivas.

Los problemas ambientales exigen una visión integral, y lo cierto es que nuestros problemas económicos tienen, como ya he señalado muchas veces, una base ambiental. Así pues, no queda más remedio que abordarlos de manera diferente. Las soluciones que encontremos así no van a ser ni grandes ni enfocadas a un sector, serán de pequeño alcance, locales y atendiendo a diversas cuestiones (como la de estas plantas de tratamiento de purines), y esto nos llevará a replantear los mecanismos de financiación, que hasta ahora eran simples de configurar.

La discusión no está en si estas plantas son o no una solución al problema de los purines. Posiblemente sean solo un elemento más, pero no el único. La cuestión está en que un nuevo modelo será complejo si queremos que sea mínimamente sostenible, y ofrecerá soluciones diversas a problemas multidimensionales, pero no una gran solución a un gran problema. Y lógicamente, financiarlo supondrá tener modelos de repercusión de costes más complejos, porque los actuales premian a las actividades más contaminantes que no están incluyendo sus costes ambientales en la factura de la luz.

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