Síntomas convergentes

Las pasadas elecciones europeas trajeron lo que pedí: aire fresco. Más que eso, para la izquierda ha sido una especie de galerna cantábrica, que ha puesto todo patas arriba, lo que no deja de ser positivo. La confortabilidad y el acomodamiento de las estructuras de los partidos tradicionales nos ha llevado hasta donde estamos, discutiendo por cuestiones que se entendían superadas hace 50 años, y como se ha visto las propuestas políticas estándar no conectaban con un amplio espectro de sectores de la población. resultan esperanzadores los pasos que se están dando en todos los partidos de izquierda.

Estas buenas noticias contrastan con la más que alarmante situación que se deduce de los últimos datos de desempleo. Aunque la propaganda oficial insiste en la buena nueva de que se crea empleo, y debo decir que es cierto, la interpretación no es adecuada porque solo se usa un indicador. Como de costumbre, hay que fijarse en el cuadro completo antes que regocijarse en los detalles, para darnos cuenta de que la situación es inquietante. Nos encontramos con un empleo cada vez más precario (esto ya es un clásico) y con trabajadores con menos ingresos: crece el número de asalariados, pero la masa salarial no lo hace al mismo ritmo (de hecho, no lo hace). El conjunto nos está señalando un empobrecimiento generalizado de la sociedad, mientras que se siguen privatizando los servicios públicos, trasladando costes de manera regresiva a sus usuarios. La combinación de indicadores demográficos es todavía más alarmante: se aceleran los fenómenos migratorios y un creciente número de personas abandona el mercado de trabajo.

A nuestro gobierno no parece interesarle mucho que terminan haciendo esas personas, cómo se deduce de la campaña de la Agencia Tributaria de este año. Con un presidente sospechoso de cobrar en negro y un ministro de hacienda con dinero en un paraíso fiscal a través de una SICAV, los anuncios son casi ofensivos con quienes sí cumplimos. No es de lo único que no se da cuenta el señor Rajoy: la pérdida de votos de la europeas también le afectó al PP, pero como pudo apuntarse el éxito de haber sido el más votado, parece que han cerrado el expediente. No nos engañemos, también hay un electorado conservador que está a disgusto con las políticas que se le ofrecen, y sólo espera hallar una opción atractiva como ha pasado en la izquierda con Podemos.

Haciendo gala de la clásica miopía que antecede al desastre, ya hemos empezado a oir la vieja canción de que “las políticas son buenas pero hace falta esfuerzo en una mejor comunicación” o “el gobierno no traslada a los ciudadanos su acción adecuadamente” ¿dónde habré oído esto antes? No está desconectada la realidad política de la social y la económica, y por supuesto la ambiental. Todos estos aspectos están interrelacionados, por lo que los sucesos en un ámbito no responden sólo a ese ámbito. Cabría recordar que, como en las enfermedades, los síntomas sociales son convergentes, y es conveniente analizarlos integralmente antes de que sea tarde.

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