El momento de las decisiones estratégicas

Por fin llegaron las elecciones y se acabó la agonía de las encuestas. Por fin el escrutinio puso a todo el mundo en su sitio, aunque ahora estamos viendo como no todos se han enterado de la misma forma… Algunas cosas, previsibles, se han evidenciado, y aunque nos quieren hacer verlas de una forma negativa, me inclino a pensar que esto pinta bien. Por ejemplo, nos han amedrentado con lo mala que es la fragmentación de la oferta política, que no es más que la deseable diversidad y pluralidad, y que eso va a conducir a gobiernos débiles e inestables. Yo diría que serán gobiernos más controlados y más transparentes, lo que nos beneficia a todos, y con menos tentaciones de cacicadas.

Desde el PP nos amedrentaron con el caos si no ganaban, y pasan los días y los semáforos siguen funcionando igual. Ahora bien, si se trataba de caos interno, entonces la predicción es correcta. Dado que el nuevo ecosistema político va a suponer la coexistencia de cuatro fuerzas (al menos), es obvio que el PP iba a perder mucho, y tanto más cuanto que estaba muy arriba. La pérdida de poder institucional además puede ser más que proporcional, pues en este caso la ley electoral ha jugado claramente en su contra. En algún caso, como el de Dolores de Cospedal, próxima ex presidenta de Castilla La Mancha, habría que hablar de justicia poética. Posiblemente el golpe más doloroso vaya a ser Madrid. La espiral delirante en la que se ha metido Esperanza Aguirre (futura expresidenta del PP regional) así parece confirmarlo, y precisamente por eso las decisiones que se tomen en la capital y en la comunidad son estratégicas para los otros tres partidos representados en el consistorio y la asamblea regional.

En el Ayuntamiento parece que la candidatura de Ahora Madrid, encabezada por Manuela Carmena, contará con el apoyo socialista para salir adelante, lo cual es una buena dosis de sensatez por parte de Antonio M. Carmona, que parece que ha leído de una forma muy distinta a la de Esperanza Aguirre los resultados electorales. El dilema que tiene ahora es si da un paso más y entra en la corporación municipal, una decisión complicada porque habría que sentarse en la misma mesa que personas que han destilado mucho rencor antisocialista. De hecho, no parece que tenga a corto plazo mucha intención. En la Comunidad, el PP capitaneado por Cristina Cifuentes ha conseguido una mayoría que le permite intentar cortejar a un socio, Ciudadanos, para seguir en el gobierno. Y como consecuencia, el candidato socialista ha dado un paso atrás, lo que cuadra con su estilo elegante. A corto plazo, ambas parecen decisiones sensatas, pero lo que se decida ahora será importante dentro de cuatro años, y con esa perspectiva las cosas son un poco diferentes.

Para empezar, solo se me ocurre una situación peor que estar en un gobierno, y es no estar. En eso el PSM lleva cuarto de siglo de especialización, y tal vez es el momento de cambiar. Hemos de considerar que los socialistas tienen algo que en Ahora Madrid y en Podemos escasea: cuadros técnicos preparados y cohesionados. Hay una oportunidad de tener una presencia que no se tendrá en la oposición, y de pelear por que las cosas se hagan de una forma y no de otra. Porque un riesgo cierto de que si la gestión de Carmena no es exitosa es de que se culpe a la izquierda en general, con lo que sería posible perder sin llegar a jugar. Por otra parte, dejar que el PP continúe en el gobierno de la Comunidad de Madrid es obviar el hecho de que la mayoría de madrileños preferiría que no fuera así, y si se les permite tendrán la ocasión de pasar el mal momento, torpedear la acción de las corporaciones progresistas y volver a consolidarse.

Lo dicho, es el momento de las decisiones estratégicas, esas que comportan riesgos y pueden suponer un cambio cualitativo, esas que no deben basarse sólo en lo que parece sensato ahora mismo. Pero para empezar, deberían reflexionar los miembros de la actual gestora del PSM si están legitimados para tomar esas decisiones, porque a Carmona y a Gabilondo los han elegido la militancia y la ciudadanía, pero a ellos no.

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