La encrucijada madrileña

Los problemas en el socialismo madrileño parecían terminados con la convocatoria del Congreso Extraordinario para el pasado 31 de Julio, y tras las recientes noticias lo que parece es que han alcanzado un nuevo nivel. La gestora que reemplazó a Tomás Gómez tras su fulminante destitución ha maniobrado torpemente (con independencia de sus intenciones), y la nueva ejecutiva y su flamante secretaria general han heredado un déficit de legitimidad que va a ser difícil compensar. Los socialistas madrileños están, de nuevo, en la encrucijada.

El origen de coordenadas es la defenestración de Tomás Gómez, proceso mal explicado y peor ejecutado, que culminó en la cesión a una Gestora de todo el poder interno en un momento muy delicado, justo antes de las elecciones municipales. Haciendo gala de una responsabilidad que no se ve en otras formaciones, la militancia socialista madrileña aguantó el golpe y siguió trabajando hasta los comicios. Ahora bien, una vez acabó el proceso, comenzaron las demandas para restaurar la normalidad. Amparada en un tecnicismo, la Gestora convocó el congreso un 31 de julio (y la elección de Secretario General una semana antes), con la mitad de los militantes de vacaciones y la otra mitad pensando en irse.

Si la intención era facilitar en lo posible la elección de la designada candidata Sara Hernández, las cosas se torcieron enseguida: apareció un candidato alternativo, consiguió los avales necesarios y disputó el partido hasta el final, poniendo contra las cuerdas al aparato del partido. Superado el escollo, y con la nueva secretaria ya elegida, el Congreso fue un cúmulo de despropósitos, con errores en votaciones, modificación de un aspecto delicado de los estatutos y presentación de una ejecutiva que concitó menos apoyo que la propia Secretaria General, sin intención de incorporar a quien había sido rival. Tal vez mi afirmación anterior del déficit de legitimidad heredado sea demasiado benvolente.

Y en estas razones estábamos cuando se destituye a Antonio Miguel Carmona como portavoz del grupo socialista en Madrid. Es potestad de la Secretaria General y su Ejecutiva designar cargos de confianza en puestos políticos relevantes, y la portavocía del ayuntamiento de Madrid lo es. No cabe duda de que Sara Hernandez puede hacer lo que ha hecho, ahora bien,… ¿debe? El revuelo causado ¿es sólo por la notoriedad mediática del exportavoz? En parte sí, pero hay más cuestiones, y no menores.

Una primera es que la argumentación empleada para justificar el cese es aun más endeble que la usada contra Gómez, con el agravante de que al bueno de Carmona no le han dejado trabajar desde la dirección federal (o sea, Pedro Sánchez); caso contrario ahora sería vicealcalde, y a los efectos intocable. Pero desde mi punto de vista, hay un segundo aspecto al margen de lo bien o mal que lo hiciera: Carmona construyó su candidatura desde las bases, y se ha ganado el aprecio de todos por esa razón. Echarle es algo más que cambiar de personas, es decirle a los militantes “quien manda aquí”.

El reproche por los resultados no es una cuestión baladí. ¿Se ha producido alguna rendición de cuentas sobre los resultados obtenidos en Madrid? ¿Hay algún órgano de control que haya valorado lo obtenido? Sin un diagnóstico global, es obvio que cualquier reproche es caprichoso, y tanto más cuanto que quien elaboró las listas (la Gestora) no ha pasado ningún control de resultados. Llegados a este punto suele mirarse para otro lado si los resultados son buenos, pero ¿qué son unos buenos resultados? ¿Los obtenidos por Gabilondo son buenos? ¿El resultado obtenido compensa la “operación Gómez”? Porque no se ha conseguido alcanzar el gobierno de la Comunidad… y no se ha querido entrar en el ayuntamiento.

El futuro se presenta lleno de incógnitas para todos. Antes de que acabe el año tendremos elecciones generales, lo que significa que empezará a oírse en todas las agrupaciones socialistas la cantinela de cerrar filas para ganar. Sin embargo, la opinión pública ya tiene bastante claro que el mensaje de la unidad es puro marketing, con lo que es posible que no solo sea infructuoso, sino contraproducente. Por otra parte, las sucesivas frustraciones en los procesos de democratización interna han abierto una hemorragia en la afiliación que no se va a atenuar con estas acciones. Hace poco me recordaban la famosa frase de Einstein, en la que nos decía que no cabe esperar resultados diferentes si se repiten constantemente las mismas acciones. Aplicado al caso que nos ocupa, tal vez haya que ir por el camino menos transitado de la encrucijada.

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2 comentarios
  1. Aunque si creo que Carmona debería haberse ido (es una opinión,como los culos, cada uno tiene el suyo), las formas han sido lo contrario de lo que debería haber sido. Pedro esta muy lejos de representar al socialismo (al de todos, no ese discurso aprendido de quien nunca sudo por sus compañeros) y lo demuestra cada vez que le dan ocasión.

    • Manuel R. dijo:

      No tengo yo nada claro ninguna de las dos opciones. Lo que sí veo es que tendría que haber rendido cuentas ante algún órgano de control interno, elegido democráticamente, que es quien debe determinar si los resultados son buenos o malos.

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