Conflicto racional

Cualquier persona mínimamente racional entiende que un conflicto es un juego en el que lo más probable es perder, incluso aun cuando nominalmente se haya salido victorioso. Desde un conflicto bélico hasta una lucha por el poder en una corporación, si llega al caso de la colisión, si se produce el enfrentamiento, ambos bandos perderán (“pleitos tengas y los ganes”, que se dice). No son estas reflexiones recientes ni innovadoras. La Teoría de juegos ha desarrollado este concepto con amplitud, pero de hecho ya lo pensó Sun Tzu hace más de 2.000 años cuando escribió “El arte de la guerra”.

Y sin embargo los conflictos continúan y las guerras estallan, por lo que una de dos, o somos más estúpidos de lo que creemos, o existe una racionalidad en la elección del conflicto. Einstein apostaría por lo primero, pero es probable que la respuesta sea una síntesis de ambas posiciones. En la teoría de juegos, un conflicto puede ser una decisión sensata si uno de los jugadores lo incorpora como parte de otro juego con otros jugadores, o de más largo plazo (si eres el matón del barrio, por ejemplo, tienes que ganar peleas para ganarte una reputación). Por otra parte, conviene tener presente que cuando hablamos de jugadores podemos referirnos a entidades colectivas, como empresas o países, en los que operan individuos y grupos con intereses que no tienen por qué coincidir con los del jugador.

Por mencionar un caso actual, ¿es racional que Francia desate una guerra en Siria en respuesta al atentado de París? Yo no sabría responder con seguridad, pero es evidente que la industria militar (en especial la francesa) está de enhorabuena. Podríamos hablar con sus directivos sobre las consecuencias nefastas de las acciones militares en el pasado en la zona, pero es difícil que alguien entienda algo si le pagan (y muy bien) por no entenderlo. Y las cuentas de resultados son un argumento poderoso.

Por cambiar de escenario, en la evolución de los acontecimientos de Cataluña resulta muy llamativo que las posiciones que buscan evitar conflictos son las que están quedando relegadas, y son quienes lo buscan activamente los que tienen la dirección de los acontecimientos. Como he apuntado antes, esto tampoco es una situación irracional, porque si bien es cierto que la hipotética independencia de Cataluña es un juego de suma negativa, eso no quiere decir que no tenga un contexto mayor.

Los españoles en su conjunto, y en particular los catalanes, nos estamos metiendo en una situación crecientemente compleja porque quienes deberían encontrar soluciones al conflicto son los que lo están alimentando. Y apreciamos que cada movimiento de uno fortalece la posición del otro y acelera la espiral del enfrentamiento. Desde nuestra posición, todos esperamos movimientos racionales en el contexto del juego, lo que implica eludir el choque y tender puentes, y por eso cuando vemos que no se producen, cuando el movimiento es contraproducente, valoramos al jugador como malo o irracional.

Sin embargo, Rajoy y Mas juegan y mueven racionalmente, solo que la partida es otra. Mas busca mantener el poder (sea este el que sea) para él y su partido (sea este el que sea) ante la evidencia de que muchos de sus correligionarios (y tal vez él mismo) pueden terminar en la cárcel por delitos económicos. En ese juego, el conflicto es como la carta de “salida de la cárcel” del Monopoly: en su momento, cambia independencia y conflicto por lo que sea necesario; visto así, cuanto más cerca del abismo más vale la carta y más se puede pedir. Por su parte, Rajoy tiene que ganar unas elecciones después de dirigir el peor gobierno de la peor legislatura de la democracia, y siendo el líder peor valorado. Esto sólo se remonta si alguien externo te engrandece como líder y salvaguarda de lo más sagrado: la ley y la unidad del país. En consecuencia, cuanto más cerca del precipicio, mejor, y llegado el caso, cualquier maniobra que permita una salvación “in extremis” será admisible y fortalecerá la posición de quien la dirija.

La ventaja de ambos jugadores es que ellos no van a pagar los costes de sus estrategias, eso nos tocará a nosotros. Lo dicho, este conflicto es racional.

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