Debates y debates

Esta campaña electoral parece marcada por los debates, y cabe suponer que es porque tenemos poca costumbre. Anoche, en el celebrado entre Pedro Sánchez (PSOE) y Mariano Rajoy (PP) creo que sucedió lo que cabía prever: Rajoy ha demostrado sobradamente que le sobran cualidades profesionales como registrador de la propiedad, y en cuanto le sacas de ahí naufraga estrepitosamente. Tiene aprendidas cuatro cosas de su escueto activo, y dado que su pasivo es tan amplio y su capacidad de respuesta tan limitada cuando no hay quien le proteja, no le quedó más remedio que repetir constantemente lo mal que estábamos con Zapatero y el millón de empleos que ha creado.

En el debate sucedió lo que Sánchez quiso que sucediera, y no ha obtenido mejores resultados porque no supo, o no quiso, llevarlo por otro camino. Eso no sólo hubiera dejado el resultado aun más a su favor, sino que hubiera comprometido la argumentación posterior de Iglesias y Rivera.

Para empezar, entró en los parámetros formales y estéticos de Rajoy, con lo que el aspecto de todo el conjunto parecía viejo. Era el día para no ir encorbatado y demostrar amplitud de registros. Además, el lema de campaña del PP, “España en serio”, deja muy claro por donde quieren ir, lo que hubiera permitido a Sánchez ofrecer una imagen más fresca con algún comentario irónico.

Con la misma contundencia en la denuncia podría haber dejado a Rajoy sin los pocos argumentos que tenía recordándole el sutil detalle de que él no tenía que defender la gestión de nadie, porque no ha formado parte de ningún gobierno hasta ahora. Eso nos hubiera ahorrado muchos de los lamentos del presidente sobre la herencia recibida… O tal vez no, dada la escasa capacidad de recomponer el discurso que ha demostrado.

También debería, más allá de la referencia al principio, haber planteado observaciones que permitieran hacer presentes a los ausentes. La cobardía al no presentarse en el debate a cuatro no fue explotada como hubiera sido posible, y ahí Sánchez se hubiera apuntado el tanto de adalid de la pluralidad, dejando de nuevo a Rajoy el papel de defensor de la caverna. Ciudadanos y Podemos son ya realidades con las que hay que convivir, con lo que esos comentarios hubieran servido para dejar claro lo solo y viejo que está el PP.

¿Debió decirle que era indecente? El cuerpo, desde luego, me pide eso y más, pero lo cierto es que no. Bastaba con ir mostrando la abrumadora evidencia, y ahí esta el estupendo ejemplo de Rivera con Sáez de Santamaría en el debate a cuatro. Ese paso sirvió para que Iglesias y Rivera pudieran fortalecer su discurso de “nueva política”, disfrazando el hecho de que solo van a poder usarlo en estas elecciones.

Dicho todo esto, soy de los que piensa que los debates no los gana nadie. Se trata de exponer argumentos y propuestas de forma coherente, si los tienes y sabes hacerlo haces un buen papel, y si no quedas como Rajoy. Esta campaña creo que deja claro que el bipartidismo caduca el 20 de diciembre, veremos que nos depara el nuevo periodo, más allá de los debates.

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