In extremis

La teoría de juegos es una parte de la matemática que analiza el comportamiento de ciertos agentes (los jugadores) en una situación que se explica por ciertas reglas de comportamiento y en la que el objetivo es claro para todos. De lo que trata la teoría es de proporcionar estrategias ganadoras, y eventualmente no perdedoras, en un contexto en el que las interacciones son relevantes.

En un juego con dos o más jugadores de suma no constante, si cada uno de ellos ha adoptado su mejor estrategia (que es la que les permite maximizar sus ganancias considerando la actuación de los otros) y todos conocen la estrategia de los otros (lo que permite elegir la mejor estrategia), resulta evidente que ninguno gana nada modificando su estrategia mientras los demás mantengan la suya. Es lo que se conoce como Equilibrio de Nash. Así formulado suena bien, el problema es que ese resultado no tiene por qué ser “ganador”. Dicho de otra forma, si todos hacen las cosas lo mejor posible las dos opciones que se abren son que o bien todos ganen, o bien todos pierdan. Por cierto, ¿he comentado que esto se desarrolló durante la Guerra Fría? Un holocausto nuclear global es un equilibrio de Nash

Es evidente que nuestros cuatro actores políticos principales parece que han llegado a un equilibrio de Nash, en concreto al malo, en el que todos perdemos. La pérdida no es que haya que repetir elecciones, sino lo que esto implica: regalarle a Rajoy un año en La Moncloa, con un presupuesto aprobado que, dado su carácter inverosímil, le puede permitir hacer cualquier cosa (que de hecho lo hace) y sin someterse al control del Parlamento. Y todo esto mientras cada día se destapa una nueva corruptela, que hace al PP cada vez más imposible llegar a entenderse con nadie (con lo que su estrategia se hace invariable y cada vez peor).

Si al final no hay acuerdo de última hora, nuestro juego vuelve a empezar, si bien las matemáticas cuentan con la ventaja sobre la vida real de que en una nueva partida todo parte de cero. Pero como ya he dicho, la teoría de juegos incorpora las interacciones entre los jugadores, y como las expectativas electorales también van a influir poderosamente en los próximos movimientos (las encuestas apuntan a que el adelanto puede conducir a una mayoría de derechas), los jugadores reconfigurarán sus estrategias. Dicho de otra forma, cuanto más nos aproximamos a un equilibrio de Nash, si el resultado previsible del mismo no es satisfactorio para los jugadores, estos reconfigurarán sus estrategias buscando nuevas posiciones que maximicen el beneficio esperado. Esto es lo que el propio Nash definió como “second best”, y es lo que hace que matemáticamente sean crecientemente probables los acuerdos in extremis.

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