De incendios, neumáticos y tranquilidad

Entre 80 y 100 mil toneladas de neumáticos. Hay que estar depositando 500 kilos cada hora, todos los días durante 20 años y sin descanso para alcanzar esas cifras. Es una forma de ver un flujo continuado de entradas que nos obliga a reconocer que el vertedero de neumáticos de Seseña-Valdemoro no es una negligencia concreta y limitada: o se trata de una continuada ausencia de acción de la autoridad, o quien ha organizado ese negocio ha encontrado un hueco que ha sabido aprovechar. Probablemente las dos cosas.

El incendio es una catástrofe ambiental sin paliativos, y no es más grave porque quien lo ha provocado sabía muy bien lo que tenía que hacer para que el desastre fuera “suficiente”. Si se hubiera  descontrolado completamente, y hubiera ardido todo, por ejemplo en uno de esos calurosos días de verano como los que facilitan la propagación de los incendios forestales, fácilmente podríamos estar hablando de haber tenido que evacuar a toda prisa a los vecinos de la colindante urbanización de “El Quiñon”, haber tenido que tomar medidas de protección en las localidades de los alrededores (si hacemos un circulo de 20km en torno al incendio, hablamos de cerca de 500.000 personas afectadas), e incluso cerrar el aeropuerto de Barajas como consecuencia de la columna de humo. La consecuencia de todo lo cual hubiera sido una larga retahíla de pleitos civiles que periódicamente hubieran sacado a la luz el asunto y hubieran culminado en indemnizaciones de astronómico importe. Obviamente, eso no es negocio, y la primera cuestión que hay que tener en mente es que el vertedero era un negocio, y se trata de que lo siga siendo.

Es una catástrofe ambiental, que duda cabe, dada la cantidad de nuevos contaminantes puestos en el aire por la combustión de los neumáticos. Cabe recordar que para 2015, según la metodología de la OMS, en España se produjeron unas 16.000 muertes prematuras achacables a la contaminación del aire. Para ampliar datos, Ecologistas en Acción tiene una excelente web en la que mantiene una sección dedicada a este tema (muy recomendable). Este incendio ha puesto en la atmósfera una cantidad de contaminantes mayor, y diferentes, a la que suele ser normal. Las estaciones de medición de la zona (Illescas, Valdemoro, Aranjuez) carecen de medidores para los contaminantes que se desprenden de este incendio. De hecho, los principales contaminantes que interesaría monitorizar serían el benceno, el dióxido de azufre (SO2), las partículas finas (PM2.5), así como los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (HAP), como el benzo(A)pireno (BaP). La medición de estos contaminantes se ha hecho de manera escasa, incompleta, tarde, y a través de unidades móviles que no permitían (por su propia naturaleza) series de seguimiento largas.

Los datos de Ecologistas en Acción señalan que, como era de esperar, los niveles más altos de contaminación se han medido en las zonas más próximas al vertedero. En la estación ubicada en el colegio de El Quiñón ha registrado un pico de benceno de 102,98 μg/m3 (microgramos de contaminante por metro cúbico de aire), lo que supera 20 veces el valor límite legal anual (5 μg/m3) y triplica el más alto registrado en todo 2015 en España (en el entorno de la refinería de Puertollano). El valor medio diario más alto registrado en la Comunidad de Madrid en el año 2015 fue 5,1 μg/m3. No se ha facilitado la información para saber en qué momento se produjo este pico, pero seguramente se trató de la tarde del miércoles 18, un día que se tuvo que evacuar a los niños y niñas del centro.

En otra parte de la urbanización de El Quiñón también se han registrado niveles muy altos de partículas en suspensión: 390 μg/m3. Estos niveles son aún más preocupantes si consideramos que tienen una composición considerablemente más nociva que las partículas de otros orígenes, como el polvo sahariano.

También ha habido poblaciones madrileñas con altos niveles de contaminación. En la estación instalada por el ISCIII en el colegio del barrio Pau la Montaña, de Aranjuez, se registran picos diarios continuados de benceno superando los 20 μg/m3 (4 veces el valor límite anual de 5 μg/m3) entre los días 14 y 17 de mayo. El valor máximo alcanzado fue 30,6 μg/m3 y el valor medio en dicho período fue 10,9 μg/m3.

Por último, el análisis de los datos de Fuenlabrada, en una estación ubicada a 19 km hacia el norte y que mide contaminación industrial, permite ver con claridad cómo la contaminación del incendio ha llegado hasta esta zona.

¿Qué consecuencias tiene el benceno y los benzopirenos en la salud? Para una información precisa y contrastada, lo mejor es la que suministra la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EEUU, que tiene una excelente versión en Español. El cáncer no es la peor de todas, pues se registran afecciones al sistema nervioso, a la sangre, al sistema reproductor,… en todo caso, mejor que yo la fuente científica. No es de extrañar que ni los ayuntamientos, ni las Comunidades Autónomas, ni la propia Administración Central, nos estén informando con precisión y objetividad de lo que sucede: hay motivos de sobra para que estemos alarmados.

Estos contaminantes inhabituales se deben a la combustión de los neumáticos, que es un proceso relativamente bien conocido porque esta industrializado. La incineración de estos es costosa porque ha de hacerse a altas temperaturas (en torno a 1.000ºC), sin embargo en un complejo industrial que ya incorpore una combustión de este tipo, por ejemplo en las plantas cementeras, reduciría el coste de ambos procesos mejorando el balance energético. Según los ingenieros, esa combustión elimina todos los gases nocivos y minimiza las partículas, mientras que la producida a baja temperatura (menos de 600ºC), como la vista en Seseña, hace todo lo contrario. Sea como fuere, por lo general la ciudadanía afectada por una de estas plantas de incineración suele manifestarse en contra, y no puedo dejar de citar aquí el caso de la cementera Cosmos en El Bierzo, que ha permitido un importante consenso social en su contra como demuestra la web de la plataforma Bierzo Aire Limpio.

El problema invisible de los contaminantes emitidos llega cuando los dispersa el viento o la lluvia. Entonces dejan de ser un asunto local y el fenómeno se socializa y pierde intensidad: la lluvia disuelve los gases tóxicos y los precipita en el suelo, introduciendo estos contaminantes en las cadenas alimentarias; el aire se ocupa de dispersar los materiales más pesados (partículas en suspensión). Ambos fenómenos se caracterizan por su extensión: las partículas pueden afectar a zonas alejadas cientos de kilómetros, el agua arrastrará los contaminantes hasta el mar. Cabe insistir en que el problema ambiental se vuelve económico cuando empiezan a producirse visitas al médico, hospitalizaciones, seguros médicos, pérdida de jornadas laborales, reducción de la productividad… pero en ese punto, quien asume el coste ya no es la empresa del vertedero, sino quien se envenena con los tóxicos, que paga con su salud (tal vez con su vida) y con sus impuestos. Y es aquí donde el negocio aflora de nuevo.

Al principio hablé de que el vertedero era un negocio. En efecto, todo el que ha cambiado las ruedas al coche sabe que se paga una tasa de reciclaje. Si en lugar de ese reciclaje el neumático termina en un vertedero clandestino, es obvio que hay una estafa de por medio. La razón de que se exija el reciclado es que no haya contaminantes, y como consecuencia riesgos para la salud. Eso concentra la actividad (y los costes) en quienes asumen la logística del proceso, que obviamente cobran por hacerlo: ya he dicho que se paga una tasa. La empresa que montó el vertedero clandestino de Seseña ha estado apropiándose de una importante cantidad de fondos vendiendo un reciclado que simplemente no existía. Esa factura la pagamos todos, y especialmente quienes enfermen o mueran como consecuencia de esos nuevos contaminantes.

Este asunto exigiría comisiones de investigación parlamentarias, depurar responsabilidades y, sobre todo, explicar el por qué de la inacción en materia ambiental durante décadas. Pero para que esto sea así, el medio ambiente tendría que ser objeto de una atención pública que, lamentablemente, no tiene. En todo caso, como las peores consecuencias no son inminentes, los costes ya se ha socializado y estamos en precampaña, predomina el mensaje de la tranquilidad. Así pues, todos tranquilos.

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