Brexit, Grexit,… ¿EUxit?

Los británicos están a punto de decidir si se van o se quedan en la UE. Nada que reprochar a las consultas en sí, siempre que se aborden con transparencia en el momento en el que el asunto en cuestión se plantea. Obviamente, no es el caso, pues esta se ha planteado para resolver un problema de un partido político (el conservador) en uno de los territorios del Reino Unido (Inglaterra) como expresión de las contradicciones internas del partido. Lo ideal sería que todos los países hoy miembros que se incorporaron tras la fundación hubieran tenido un referéndum de ingreso, y en todos los que formaban parte de la CEE uno de aceptación de la UE, pues el salto cualitativo fue importante. Posiblemente esto hubiera despejado algunas incertidumbres actuales.

El miedo a la salida, en el fondo, es por la triste realidad que el proyecto europeo es ahora. Hace 30 años era una iniciativa política, económica y social de alto interés, atractiva e ilusionante, y hoy queda poco de eso precisamente por las cortapisas impuestas por los sectores más conservadores al desarrollo de una nueva soberanía europea. Los británicos precisamente han destacado en eso, y han sido siempre punta de lanza de la derecha europea.

Esa derecha europea que ha venido controlando el desarrollo europeo en los últimos diez años, y los resultados saltan a la vista. Los mismos que exigen a Grecia y amenazan con su expulsión quieren seducir a los británicos. Se ha obviado que este es un proyecto político con interesantes consecuencias económicas y sociales, pero no al revés, por lo que no se pueden hacer ciertas exigencias económicas sin dañar ese pilar político, ni obviar esa vertebración política. Eso es lo que han venido haciendo los conservadores británicos, y han terminado por llevarnos a todos a esta situación.

Esa derecha europea añora una Comunidad Económica con acento neoliberal, que se olvida de las cuestiones políticas que en su momento impulsaron el salto adelante hacia la UE. Desde esa lógica, se puede exigir la salida de Grecia y pedir la permanencia británica. Imagino que Adenauer se estará revolviendo en la tumba, porque desde una perspectiva política no se puede dar ni un paso atrás. Las consideraciones económicas han de estar subordinadas a las políticas, porque si una Unión política fuerte no hay edificio económico, ni ninguno otro. La crisis de la deuda griega se tenía que haber zanjado a la primera, con visión estratégica y del conjunto. La larga agonía y la miseria a la que se ha sometido a los griegos, la brecha abierta sobre su salida o no del euro… son grietas sobre las que se lanza ahora la bola de demolición que es el referéndum británico.

Lo mismo cabe decir de Siria. Una posición clara y con visión podría haber ahorrado mucho sufrimiento, y desde luego la UE tendría un capital político del que ahora carece. Ya no es solo la escasa capacidad de previsión de lo que terminaría sucediendo si se generaba un conflicto civil de larga duración en ese país, es que tampoco aprendemos nada de lo sucedido ¿tan lejos quedan las guerras de los Balcanes?

Me resulta difícil animar a cualquier británico a quedarse, aunque yo esté convencido de que deben hacerlo. Les diría que es mejor opción por cuestiones de racionalidad (y no solo económica), que juntos podemos ser más fuertes, pero también que para que sea cierto hay que apostar por ello, porque si seguimos así, con este enfoque conservador, serán los propios conservadores (han empezado los británicos) los que vean que es mejor irse.

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