La ley de Murphy

No hay situación tan mala que no sea susceptible de empeorar. Es sin duda la forma de explicar el contexto político de este país, y es exactamente lo que ha pasado este domingo, con respecto al pasado 20 de Diciembre. Ya había anticipado en un post anterior que tras estas elecciones iba a ser más complicado que en Diciembre formar gobierno, lo que era previsible. Ahora bien, no imaginaba cuanto más. Porque es verdad que Rajoy ha ganado, mejorando los resultados anteriores, pero también es cierto que lo ha hecho por la vía de exacerbar los miedos y prejuicios contra los demás, que es otra forma de decir que ni él ni el PP concitan la simpatía de nadie más. Ahora tiene más autoridad moral que en Enero para presentarse en el Congreso a una investidura, pero por lo mismo tiene menos posibilidades aun de concitar apoyos (que necesita).

El reverso de esta situación es Ciudadanos, que en efecto ha perdido escaños (la magia d’Hont), pero han sido realmente pocos votos, y ahora sí pueden decir que tienen un electorado: han echado al PP a la derecha (en realidad se han ido). Superado el golpe de la noche electoral, reconozcamos que han ganado en peso específico, sin ellos el PP no va a ninguna parte. Por otra parte, si Rivera quiere ser alga más, si se postula para tumbar al PP, apropiarse del centro-derecha y llegar a La Moncloa en algún momento, va a tener que empezar a trabajar ya. Dicho de otra forma, si quiere evitar la irrelevancia no le queda más remedio que pedir la cabeza de Rajoy, o en un salto audaz apostar por un arreglo con PSOE y Podemos: audentes fortuna iuvat.

El PSOE ha obtenido el peor resultado de su historia desde 1977, y lo único que oímos es que podría haber sido peor. Cabría recordar que sí, siempre es posible empeorar, pero se trataba de mejorar. Así, un perdedor como Sánchez se encuentra ahora con que sus principales opositores internos han perdido más que él; eso implica un cierto apaciguamiento interno, a cambio de lo cual sus posibilidades de alcanzar el gobierno se esfuman. Puestos a ser coherentes con la postura anterior, debería intentar un arreglo con Ciudadanos y Podemos. La alternativa de abstenerse ante un gobierno del PP realmente no existe: es tanto como dinamitar el partido.

Podemos (y su fusión con IU) ha sido el gran fiasco. La magia d’Hont esta vez ha jugado a su favor, y se ha quedado como estaba después de haber perdido un millón de votos. La estrategia Iglesias-Garzón ha sido un fracaso absoluto, si bien mi impresión es que éste no se debe a la confluencia (ahí creo que acertaron). Iglesias ha pagado el error de no apostar seriamente por un gobierno con el PSOE en Marzo, y de no actuar de una manera más generosa con IU. Ha perdido la confianza de quienes veían prioritario un gobierno progresista, y de muchos que no entendían la palabrería desideologizada que se les ofrecía como mensaje.

Así que sólo me quedan preguntas ¿Rajoy va a ser capaz de conseguir el apoyo de alguien, vistos los antecedentes y la actual situación del PP? No es una pregunta bien formulada, porque lo que quiere Rajoy es sumisión, pero la dejo así. ¿Se atreverá Rivera a exigir la cabeza de Rajoy o a ser realmente transversal? ¿Será capaz Sánchez de replantear la coalición del cambio? ¿Se atreverá Iglesias a meterse en esa aventura a tres bandas? No voy a dar respuestas, simplemente tened presente que todo lo que no sea ese acuerdo significa más años de gobierno Rajoy, esto es, que aunque la situación sea mala, es susceptible de empeorar.

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