¿La globalización cuestionada?

Trump ha llegado a la Casa Blanca como era de prever, y ha quedado claro enseguida que cualquiera que pensara en un atemperamiento en cuanto se aproximara la fecha de la investidura es un ingenuo. Nuestra idea de un sujeto político peligroso ha quedado marcada por los clásicos tiranos y genocidas del siglo XX, y tal vez eso nos impide ver las nuevas tipologías modernas. Por otra parte, deberíamos tener también una cierta perspectiva temporal: recordemos a Milosevic, nadie le consideraba un monstruo en la Yugoslavia de finales de los 80.

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Si somos coherentes con el perfil que nos presentan de Trump, si es cierto que ha llegado a la presidencia para desquitarse de lo que él mismo consideró una afrenta, es obvio que no está en el puesto para imponer una cierta visión integral, más o menos coherente, de un modelo social. Muchos de sus colaboradores sí tienen ese modelo, dicho sea de paso con un enfoque ultraconservador, pero es evidente que algunas propuestas entran en colisión, entre ellas y con las actitudes políticas que han venido desarrollándose desde el gobierno norteamericano desde hace décadas, con independencia de quien fuera el presidente.

Obviamente, la política exterior es una construcción colectiva, y los intereses nacionales son una definición plural delicada sobre la que no se pueden dar bandazos so pena de desmoronar la confianza creada entre gobiernos a escala global. La globalización, fuertemente marcada por los intereses norteamericanos, y más concretamente de sus grandes empresas transnacionales, es una de esas estructuras. Una de las consecuencias de los acuerdos de libre cambio a escala global es la deslocalización, que ha supuesto la extensión del desempleo en muchas zonas industriales (no sólo norteamericanas, claro), y las actitudes proteccionistas del ahora presidente le han allanado la victoria.

Los primeros pasos contra el NAFTA y otros acuerdos comerciales tienen una trascendencia enorme, porque ponen en entredicho las estrategias de funcionamiento de todas las empresas multinacionales, no sólo las norteamericanas. Algunas podrían replantearse sus modelos de producción, pero para muchas eso implicaría una redistribución logística de tal escala que, simplemente, no saldrá a cuenta. Muchas, con una sólida capacidad de presión en el poder legislativo, consideraran más interesante socavar la acción presidencial desde dentro. Ante esta evidencia, es previsible que se generalice un cierto estado de “esperar y ver” entre las altas direcciones empresariales, aunque también es posible que haya alguna acción cosmética para evitar la mala imagen de una brusca marcha atrás de un presidente que, al fin y al cabo, es “uno de los nuestros”.

Porque lo cierto es que Trump no es ningún antisistema, es un multimillonario heredero de una gran fortuna ¿cómo no es consciente de que es su estrato social el principal beneficiario de la globalización, tal y como ahora está configurada? Quizá porque, aunque es un privilegiado, ha hecho su fortuna en un sector (la construcción) que no está en esa élite mundial que incluye actividades con más contenido tecnológico. No es descartable la envidia como motivación para este sujeto.

Una cuestión de fondo adicional, que apunto y sobre la que habrá que reflexionar más adelante, es la eficacia de estas políticas para lograr sus aparentes fines ¿no hay alternativas mejores? En el caso de la inmigración y el controvertido muro, y sin entrar en el fondo de la cuestión (el desarrollo económico y la justicia social en los países emisores de migrantes) ¿no sería mejor una policía más preparada y con mejores medios? Es probable. Pero lo cierto es que construir esa colosal obra va a ser una importante inyección de actividad económica en algunos Estados de la Unión, y la prosperidad viene bien a las expectativas de voto. Por otra parte, muchos de los más firmes partidarios del mismo están en los Estados con menos contacto con la inmigración irregular, y por tanto nunca serán sensibles a la eficacia real del mismo. Trump juega con la percepción del riesgo, no tanto con los resultados del proyecto, y desde luego con darle un espaldarazo al sector de la construcción. ¿He comentado ya en qué sector se hizo rico?

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