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Archivos diarios: 11 julio 2017

La celebración del Orgullo, un fasto comercializado globalmente que no ha hecho que se olvide su carácter reivindicativo pese a todo, ha coincidido (entiéndase la ironía) con la propuesta legislativa de Ciudadanos sobre maternidad subrogada. En principio son dos fenómenos independientes, pero reconozcamos que han sido vinculados por un hecho común: el poderoso papel del dinero como vía de normalización.

Que la comunidad LGTBI tenga un día de reivindicación me parece una necesidad, y lo será mientras reconocer abiertamente con quien se tienen relaciones pueda suponer una discriminación. Creo que no hace falta insistir mucho en recordar que en medio mundo lo que te juegas al salir del armario es la libertad y la vida. En España, un amplio sector hostil a la igualdad ha encarrilado su aceptación por la vía del negocio; ahí, el caso de la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, es canónico. Esta fórmula neoliberal tiene las limitaciones propias de todo lo que se base en la comercialización: solo vale para quienes se lo pueden permitir. En la medida en la que la orientación sexual no garantiza un nivel de renta, la “normalización” parece que sólo se dirige a jóvenes, guapos y con dinero. Así pues, cabe concluir que queda bastante lucha, porque la mayoría del colectivo no entra dentro de esos parámetros.

Y en estas razones estábamos cuando Ciudadanos presentó su proposición sobre “maternidad subrogada”, alzando sobre los tejados madrileños la bandera de la libertad… e intentando que el color naranja destaque sobre el conjunto del arco iris. El enfoque de los nuevos liberales de Albert Rivera es impecable, al menos en principio: las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, y por extensión pueden gestar cuando consideren. Por otra parte, hay personas que desean un hijo y no pueden (y ahí un guiño al colectivo LGTB, claro), y están en su derecho, y… ¿por qué no va a poder una mujer gestar para otros que no pueden? Desde Ciudadanos entienden que ha de haber algunas restricciones, por ejemplo la mujer que lo haga ha de tener más de 25 años y la gestación ha de ser altruista, no puede haber contrapartidas económicas. Y así sobre el papel suena bien, es una propuesta que tiene el suave encanto del viejo liberalismo.

Pero descendamos a la cruda realidad, y obviemos el hecho de que ya hay miles de niños que necesitan una familia que les acoja, lo que hace cuestionable el deseo de ser padre o madre de muchos. Cabría olvidar también que la maternidad no es un derecho humano, sino una capacidad biológica no necesariamente bien repartida (cuantos hay que lo han sido y no deberían). Si olvidamos esas dos cosillas, queda pendiente la propia condición de Ciudadanos: ¿hay alguna forma realmente eficaz de controlar el altruismo? Mucho me temo que si esta propuesta sale adelante florecerán las clínicas altruistas dedicadas a atender a madres altruistas que gestan para padres altruistas que pagan minutas no tan altruistas de esas clínicas, que a la postre solo quieren el bienestar de todos (en especial sus accionistas).

Una gestación y un parto no son procesos triviales, industrializables, sin riesgos, y salvo casos realmente excepcionales no hay forma de entender esta “maternidad subrogada” si no es con el contundente y esclarecedor nombre de “vientre de alquiler”. Es fácil entender que esta propuesta conduce a convertir la maternidad en un mero proceso biológico desconectado de la vida de la mujer que lo soporta, y potencialmente comercializable, y me resulta imposible pensar en una que, con recursos y buena salud, vaya a querer hacerlo. Y sin embargo parece muy sencillo ese mecanismo para explotar, por una vía más, a las mujeres, con la excusa precisamente de su libertad.