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Archivo de la etiqueta: Castilla y León

A comienzos de este año nos enteramos de un proyecto que desde su misma concepción ha generado debate, cuando no polémica. Se trata del plan de una cooperativa navarra de construir una granja con capacidad para 20.000 vacas lecheras en Noviercas (Soria). Para los urbanitas cabe señalar que una explotación estaría en la media regional con 50 de ellas (la media nacional esta 10 por debajo), así que hablamos de una megainstalación de ganadería industrial.

Las cifras que rodean esta iniciativa son importantes, y para un municipio como Noviercas, de uno 160 habitantes, casi astronómicas: 95 millones de inversión, 900 Ha de extensión, 150 establos, 250 empleos, 180 millones de litros de leche al año de producción… No es de extrañar que el proyecto haya recibido importantes apoyos institucionales: Cámara de Comercio, Diputación Provincial o el propio ayuntamiento. El proyecto se redondearía con una factoría para procesar toda esa leche, que se instalará en Ólvega y supondrá unos 80 empleos más. Así pues, unos 330 empleos en una comarca muy desertificada. Difícil cuantificar lo que supone para una comarca así una inversión como esa.

El problema de esa instalación es que, muy probablemente, supondrá la ruina de un enorme número de granjas familiares repartidas por todo el norte peninsular, un tejido económico vulnerable pero imprescindible en nuestro medio rural. Es como desnudar a varios centenares de santos para vestir a uno. Y por si fuera poco, está el “pequeño problema” ambiental. Las vacas consumen agua, unos 25 litros por cabeza y día, con lo que la granja consumiría más agua que la capital de la provincia. También defecan, y el volumen creado por 20.000 ejemplares generaría graves problemas de contaminación de suelos y agua. Y también, lo que podría ser el problema más grave, está su incidencia sobre el cambio climático.

Las vacas en sus deposiciones emiten metano, unos 90 kilos al año dependiendo de su dieta, y este es un poderoso gas de efecto invernadero. Una molécula de metano (CH4) equivale a 32 de dióxido de carbono (CO2). Una concentración puntual de 20.000 vacas vendría a emitir unas 18.000 toneladas de metano, que son 576.000 toneladas equivalentes de dióxido de carbono. Ya es una cifra importante, pero ¿cuánto es eso? Empleemos una referencia común: un vehículo de turismo medio de gasolina y fabricación reciente viene a emitir 2,47 kilos por litro; si empleamos las medias de motorización de España y de consumo de combustible, ese volumen de dióxido de carbono correspondería a la circulación anual de entre 350.000 y 380.000 vehículos, que viene a ser el parque móvil de la ciudad de Valencia.

Ya no es sólo que se trate de un modelo que realmente no crea desarrollo, sino que lo desmantela en amplias zonas para trasladar parte de la actividad a otras, privatizando beneficios y socializando costes, es que además supone serios impactos ambientales que no afectan sólo al territorio en el que se localiza la inversión, se extienden más allá de la provincia y tiene incidencia global. No es desarrollo rural, es la misma pesadilla industrialista de siempre.

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Reproduzco a continuación literalmente una entrada de Valentín Cabero, aparecida en eldiario.es el pasado 8 de octubre, con la que no puedo estar más de acuerdo, sobre una cuestión aparentemente poco relevante, pero con una incidencia potencial sobre nuestro medio ambiente enorme. Como suele pasar con las tropelías populares, la gravedad y persistencia en el tiempo del desaguisado va en relación inversa a la atención prestada por los medios:

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