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Archivo de la etiqueta: elecciones

He contemplado un tanto perplejo desde la noche electoral los análisis sobre los resultados en Cataluña, y no deja de sorprenderme que haya alguien a quien le sorprendan. Aunque hace un par de años me propuse seriamente escribir sobre este tema, reconozco que me ha podido la pereza: este es un debate decimonónico. Léase literalmente la expresión, porque estamos discutiendo de asuntos conceptualmente bastante superados: la idea de que la Nación es el fundamento del Estado, en el mundo globalizado actual y en un país como el nuestro, es como reclamar la vigencia de derechos feudales en el Manchester de la Primera Revolución Industrial.

No había sorpresa posible en las elecciones catalanas porque no había ningún elemento en el marco interpretativo general que rompiera el discurso de los principales agentes políticos involucrados. En consecuencia, los electores, atrapados en una creciente polarización, han consolidado la situación dado que se han bloqueado todos los mecanismos para cuestionar críticamente la situación.El marco interpretativo es el conjunto de elementos que orientan nuestra forma de ver un conjunto de hechos: el sentido que les demos es cosa de nuestras emociones, pero la dirección viene poderosamente condicionada por ese marco. Y lo cierto es que el marco de la crisis catalana lo ha definido la derecha: nos han construido un contexto de conflicto emocional y de identidades, en el que no tienen cabida ni los hechos reales ni el razonamiento.

De ahí que el ganador de estas elecciones sea la derecha, y todos los partidos de izquierda han quedado o bien arrinconados (PSC y Comunes) o sometidos (ERC) o sin identidad y probablemente sin futuro (CUP). Hace un par de años, los dirigentes de ERC se las prometían muy felices, con una CiU en descomposición por los escándalos de corrupción. Ahora son cómplices de los mismos, así como de las políticas neocon practicadas, y no tienen margen de maniobra para otra cosa que no sea apoyar al único partido en España que compite en corruptelas con el PP. Es cierto que la solución ha de venir de un enfoque transversal desde la izquierda (tanto Iceta como Domenech aciertan en el planteamiento), pero no será esta vez. Lo que está claro es que los dos principales responsables de la actual situación no parece que vayan a cambiar de forma de actuar, mas que nada porque les afecta personalmente: Puigdemont porque ha salido ganando aun cuando es consciente que no va a ninguna parte, Rajoy porque reconocer su derrota conduciría inexorablemente a su fin. De los dos, es Rajoy sin duda el que está seriamente tocado, y sin embargo nadie, mucho menos en su propio partido, se plantea su necesaria sustitución. Ese sería un primer paso positivo y, desde luego, sí seria una sorpresa.

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La tasa de descuento es el precio que tenemos que pagar por tener en el presente un ingreso futuro. Aparentemente puede parecer un problema de ajuste de precios bastante técnico, pero esconde un problema de filosofía económica muy serio: ¿qué vale más, el presente o el futuro?

Un ejemplo: Cuando se habla de políticas de mitigación y adaptación al cambio climático, quienes defienden posturas de lo que yo denomino “negacionismo blando” suelen plantear el coste de muchas de ellas como una barrera a su implantación. Quienes sostienen esto no niegan la teoría científica, pero no consideran la cuestión tan grave como para justificar medidas de corto plazo. Esto se basa, precisamente, en la tasa de descuento que aplicamos al conjunto de la economía. Si consideramos una tasa de descuento positiva, estamos diciendo que el futuro es menos valioso que el presente, y cuanto más alta, más rápido se deprecia conforme el plazo es mayor. Por tanto, con una tasa de descuento positiva será sensato no implementar políticas costosas que puedan reducir (o hacer que no crezca) el PIB. Y no hacen falta cifras muy elevadas, con un 5% es bastante para asegurarse de la irrelevancia de nada más allá de cinco años.

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No hay situación tan mala que no sea susceptible de empeorar. Es sin duda la forma de explicar el contexto político de este país, y es exactamente lo que ha pasado este domingo, con respecto al pasado 20 de Diciembre. Ya había anticipado en un post anterior que tras estas elecciones iba a ser más complicado que en Diciembre formar gobierno, lo que era previsible. Ahora bien, no imaginaba cuanto más. Porque es verdad que Rajoy ha ganado, mejorando los resultados anteriores, pero también es cierto que lo ha hecho por la vía de exacerbar los miedos y prejuicios contra los demás, que es otra forma de decir que ni él ni el PP concitan la simpatía de nadie más. Ahora tiene más autoridad moral que en Enero para presentarse en el Congreso a una investidura, pero por lo mismo tiene menos posibilidades aun de concitar apoyos (que necesita).

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En un alarde de optimismo no sólo creí que no habría repetición de elecciones, sino que se formaría gobierno en el último segundo. Una pena que hayamos llegado a un “equilibrio de Nash” tan malo para los intereses de todos, porque esto significa que si el resultado es el previsible (o sea, mas o menos lo mismo), nos colocamos en septiembre con Rajoy en La Moncloa aun en funciones (¿se hará un selfie con Obama?). Dicho sea de paso, la situación “en funciones”  le viene maravillosamente, pues cabe recordar que tiene el presupuesto aprobado, los recortes hechos, las leyes reaccionarias en vigor,… y encima una excusa perfecta para no responder al Parlamento. Mejor que nunca.

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La teoría de juegos es una parte de la matemática que analiza el comportamiento de ciertos agentes (los jugadores) en una situación que se explica por ciertas reglas de comportamiento y en la que el objetivo es claro para todos. De lo que trata la teoría es de proporcionar estrategias ganadoras, y eventualmente no perdedoras, en un contexto en el que las interacciones son relevantes.

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Parecía que la dirección del PSOE , Pedro Sánchez a la cabeza, sabía por dónde iba. Parecían conscientes de su delicada situación, de la delicada situación del país, de la necesidad de un gobierno progresista que cambie radicalmente las políticas implementadas en los últimos años. Pero ha sido un espejismo.

Imagino que llegar a donde se ha llegado ha costado esfuerzo, no lo dudo. El problema es que no hemos llegado a ninguna parte, que es lo que suele pasar cuando uno anda mucho pero sin un rumbo claro. Más allá de lo que diga el documento firmado con Ciudadanos, es perfectamente inútil. Y lo es porque literalmente deja las cosas donde estaban el 21 de diciembre pasado. Ni Podemos ni el PP van a apoyar o a abstenerse en una investidura si ellos no están en el gobierno, así que de gobernar ya ni hablamos. Si alguien lo cree, le recomendaría que se leyera a Lakoff, que en días como estos me parece de obligada revisión.

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