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Archivo de la etiqueta: Podemos

Pues ha habido acuerdo, buena noticia. Cómo no, las reacciones al mismo son lo más divertido, y cubre todo el espectro de las ocurrencias simplistas, desde los lamentos de la “autentica izquierda” porque dan por supuesto que Podemos fracasará en su agenda hasta las visiones apocalípticas de la derecha que ven a España sumida en la pobreza y con cartillas de racionamiento. Lo único que yo puedo reprochar es el retraso: cuatro años tarde es mucho tiempo de espera. Porque este acuerdo podría haberse redactado en 2015, así que ese es el tiempo que ha costado que las respectivas cúpulas directivas de ambos partidos se hicieran conscientes de que es la única vía posible. Seguro que aun hay quien no lo ve, más allá de personas con intereses económicos concretos, y no quiero señalar a nadie.

En Abril de 2016 ya escribí sobre este asunto, y mis por entonces excesivamente optimistas esperanzas de que se llegara a un acuerdo. Confiaba en que algún asesor hubiera leído algo de teoría de juegos, pero visto el resultado tengo la impresión de que las matemáticas no son populares en el Congreso. Por citarme a mi mismo, la teoría de juegos es una parte de la matemática muy empleada en economía que analiza el comportamiento de ciertos agentes (los jugadores, en este caso los politicos) en una situación que se explica por ciertas reglas de comportamiento (la democracia parlamentaria) y en la que el objetivo es claro para todos (el gobierno). De lo que trata la teoría es de proporcionar estrategias ganadoras, y eventualmente no perdedoras, en un contexto en el que las interacciones son relevantes.

En un juego con dos o más jugadores de suma no constante, si cada uno de ellos ha adoptado su mejor estrategia (que es la que les permite maximizar sus ganancias considerando la actuación de los otros) y todos conocen la estrategia de los otros (lo que permite elegir la mejor estrategia), resulta evidente que ninguno gana nada modificándola mientras los demás mantengan la suya. Es lo que se conoce como Equilibrio de Nash. Así formulado suena bien, el problema es que ese resultado no tiene por qué ser “ganador”, ni individual ni colectivamente. Si todos hacen las cosas lo mejor posible para alcanzar su objetivo optimo, puede ser que todos ganen, pero también que todos pierdan. John Nash desarrollo este análisis, que le valió el premio Nobel (1994) y una película (Una mente maravillosa, de Ron Howard, 2001) durante la Guerra Fría, y cabe mencionar que un holocausto nuclear global era un equilibrio de Nash. También lo es, en el caso que nos ocupa, la repetición de elecciones.

Con respecto a las elecciones del pasado 28 de Abril y la efímera legislatura que siguió, hay que decir que no todos los agentes se plantearon estrategias ganadoras (al menos si por ganar entendemos llegar al gobierno), con lo que los equilibrios posibles se redujeron, y los que podían reportar resultados individuales o ser colectivamente beneficiosos quedaron marginados ¿por qué?

Porque las interacciones de los agentes son esenciales en la construcción de las estrategias, y en ellas juega un papel esencial las expectativas sobre la capacidad de los demás. En este caso tanto Pablo Iglesias como Pedro Sánchez subestimaron el coste implícito al equilibrio resultante (o sea, la repetición de elecciones), y tras el 10 de Noviembre, se han hecho conscientes de que es la ultima oportunidad vista la estrategia de un nuevo jugador que ha rentabilizado esta situación. En suma, si los jugadores prevén un nuevo equilibrio que no les interesa, tienen incentivos a rebajar sus objetivos y buscar una solución menos ambiciosa pero que garantice algún beneficio. Es lo que se conoce como optimo secundario o second best, y como mantiene la teoría permite hallar soluciones socialmente más interesantes.

Pablo Iglesias nunca ha sido santo de mi devoción, pero no me duele reconocer su valor como político y como estratega en este terreno. Ha sido capaz de liderar la creación de una fuerza política, Podemos, que ha sabido dar una respuesta a parte del descontento de la crisis, y la ha colocado en una posición clave en la política española a todos los niveles. También cabe poner en su hoja de servicios haber generado una buena agitación en la izquierda española, la suficiente al menos como para que volviese a ser visible. Valga todo esto para reconocer que sentido político no le debe faltar. En todo caso, la actualidad manda: todo eso importa ahora poco.

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El debate climático se ha trasladado estos días a Marrakech, en una nueva COP que, en teoría, debería ser la primera en concretar medidas y actuaciones. Al final y en tiempo de descuento, se ha arrancado un compromiso de mínimos, una tímida agenda que al menos marca unas cuantas cuestiones relevantes: es un mensaje claro de que la comunidad internacional ha entendido el problema, y por ello el proceso se hace irreversible. Es un mensaje necesario en el momento en el que ha accedido a la presidencia del país más contaminante de la Tierra un negacionista.

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El drama desencadenado en el PSOE esta semana, tanto más con su desenlace, ya ha acuñado sus imágenes. A la vuelta de unos años la dimisión en bloque de los 17 miembros de la Ejecutiva socialista se verá como la traición que precipitó el desastre, y ninguno de los participantes podrá quitarse jamás esa etiqueta. Objetivamente, es un acto legal (puede hacerse en el marco estatutario del PSOE) y legítimo (quienes lo han hecho podían, y lo consideran justificado). Sin embargo, a nadie se le escapa que hay ciertas maniobras que retuercen el espíritu de la norma y en una institución democrática no deben hacerse. En especial, porque quienes lo han protagonizado deberían tener conocimiento político suficiente como para anticipar las consecuencias de sus actos.

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No hay situación tan mala que no sea susceptible de empeorar. Es sin duda la forma de explicar el contexto político de este país, y es exactamente lo que ha pasado este domingo, con respecto al pasado 20 de Diciembre. Ya había anticipado en un post anterior que tras estas elecciones iba a ser más complicado que en Diciembre formar gobierno, lo que era previsible. Ahora bien, no imaginaba cuanto más. Porque es verdad que Rajoy ha ganado, mejorando los resultados anteriores, pero también es cierto que lo ha hecho por la vía de exacerbar los miedos y prejuicios contra los demás, que es otra forma de decir que ni él ni el PP concitan la simpatía de nadie más. Ahora tiene más autoridad moral que en Enero para presentarse en el Congreso a una investidura, pero por lo mismo tiene menos posibilidades aun de concitar apoyos (que necesita).

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Desde el pasado 20 de Diciembre, el deporte nacional de España es la formación de gobiernos. Acostumbrado a que las conversaciones que uno oye en cualquier bar sólo versen de fútbol, que de buenas a primeras las intenciones de Pablo Iglesias sean más comentadas que las de Neymar me reconcilia un poco con este país. Como no, los periodistas han alimentado este espectáculo. Supongo que hay hambre acumulada durante años, y también muchos intereses.

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